Uno de cada cuatro niños misioneros padece hipertensión arterial: ¿qué podemos hacer para prevenirlo?

Uno de cada cuatro niños misioneros padece hipertensión arterial: ¿qué podemos hacer para prevenirlo?

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica no transmisible con alta prevalencia en nuestro país y el mundo en personas adultas, pero, según los datos oficiales correspondientes a 2017 del Programa de Sanidad Escolar (ProSaNe), el 24% de los chicos que asisten al nivel primario en Misiones, sufren tensión arterial elevada, lo cual convierte a esta patología en un problema de salud infantil, con altos riesgos cardiovasculares para nuestros niños.

El ProSaNe ha analizado durante el 2017 a niños de primaria, en mas de 400 escuelas de toda la provincia. Ha obtenido datos realmente alarmantes, como ser la prevalencia de obesidad de los niños misioneros, que es del 8%, y un 15% que presenta sobrepeso, lo cual significa que el sedentarismo en conjunto con la mala alimentación, está enfermando a nuestros niños en edades muy tempranas.

La gravedad de estas cifras tiene que ver con que estas enfermedades son crónicas, es decir, son tratables, pero no curables. Una vez que se diagnostica una hipertensión, se puede tratar con alimentación saludable y actividad física, o bien, si el médico lo considera, una medicación adecuada. Además, debemos saber que el sobrepeso y la obesidad son precursores de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, alteraciones del colesterol y triglicéridos sanguíneos, entre tantas otras patologías graves.

¿Qué podemos hacer para prevenir estas patologías en nuestros niños?

En primer lugar, la familia completa debe tomar conciencia de la importancia de llevar un estilo de vida saludable. El niño solo, no puede progresar en un plan alimentario equilibrado y sano si sus padres y hermanos no hacen lo mismo. Recordemos que para los chicos, los mayores somos el “ejemplo”, pues ellos copian nuestras conductas, sean buenas o malas, y la mejor forma de dar ese buen ejemplo es con acciones, no con dichos o simples recomendaciones.

  • Es fundamental ofrecer, como mínimo, las 4 comidas básicas a los niños.
  • Deben empezar el día con un desayuno nutritivo, con lácteos, pan o galletitas dulces o saladas con algún agregado de salvado, avena o semillas, o copos de maíz o granola y alguna fruta, en lo posible. También es importante que realicen la merienda, de manera similar al desayuno.
  • En el almuerzo y cena debe haber en sus platos una pequeña porción de carnes magras, de pollo, vaca, cerdo o pescado, o bien, huevo. Además, un cuarto o medio plato de cereales como arroz, fideos o pastas en general, polenta, o vegetales amiláceos como papa, mandioca o batata.
  • Brindarle 1 porción de vegetales en el almuerzo y cena, mediante una ensalada, fresca o cocida, según la aceptación del niño, o bien, para quienes les cuesta más comerlas, una tortilla de verduras con pollo, huevo y queso, tartas, soufflés (de zapallo, zapallito, zanahoria, acelga, espinaca, etc.), puré de verduras mezclado con puré de papas tradicional, sopa crema de verduras, etc.
  • Los niños deben consumir al menos 2 porciones de frutas diarias, las cuales tienen mucho potasio, mineral esencial para evitar y tratar la hipertensión, a través de ensaladas de frutas, licuados, postres con gelatina o áspic, fruta sola, o helados caseros (con frutas procesadas). Aprovechemos las frutas de estación, como ananá, sandía, melón, etc.
  • Consumir agua pura, al menos 6 vasos al día es el requerimiento general de los niños, lo cual varía según la edad y actividades que realizan. Una estrategia es que cada niño tenga su botellita propia, lo cual, además de incentivarlo, sirve para medir la cantidad consumida. Evitar las gaseosas y jugos comerciales, dejándolos para el fin de semana o eventos.
  • Evitar los snacks salados, como chizitos, palitos, papas fritas, etc., por su alto contenido de sodio.
  • Disminuir el consumo de enlatados, embutidos, fiambres, y quesos de pasta dura y rallados (Reggianito, Provolone, etc.).
  • Evitar agregar sal a las comidas de los niños, sobre todo en los menores de 2 años, ya que el “salado” de los alimentos es una costumbre y no una necesidad. Los niños van descubriendo el sabor natural de los alimentos, y al agregar sal, ya estamos alterando los mismos. Podemos optar por condimentos suaves aromáticos, como orégano, albahaca, tomillo, perejil, etc.
  • Llevar siempre una colación saludable para las vacaciones, o bien, para los recreos del colegio, a fin de evitar comprar golosinas o productos ricos en sodio y azúcares. Una fruta, una porción de copos o granola, galletitas de avena, integrales o salvado, pochoclos sin sal, sándwich casero, una porción de bizcochuelo, tarta de frutas o un yogur, son ejemplos de colaciones saludables.
  • Es de gran importancia romper con el sedentarismo, motivando y acompañando a los niños a realizar alguna actividad física diariamente, como el simple juego al aire libre, andar en bicicleta, saltar a la soga, subir y bajar escaleras, caminatas, correr, bailar, practicar algún deporte especifico, o cualquier actividad que implique movimiento.

Tomemos conciencia de la gravedad de estas cifras sobre nuestra población infantil y pongámonos en acción ahora mismo, ya que las enfermedades no esperan y aumentan día a día, con todas sus complicaciones. Los niños son responsabilidad de los padres, como así también su bienestar, ya que dependen de nosotros y nuestras acciones para crecer y desarrollarse.

Lic. Romina Krauss

M.P. n° 147

 



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