Análisis semanal: Crecimiento a riesgo de inflación

Análisis semanal: Crecimiento a riesgo de inflación

La cercanía de fin de año obliga al balance, pero la realidad argentina no está dispuesta a aceptar imposiciones del almanaque, no entiende de impasses ni de fiestas, se rehúsa a dar el respiro necesario para el racconto y en cambio exige mirar hacia adelante. Se niega con obstinación a aminorar la velocidad de su carrera o a seguir una previsible línea recta, prefiere los cambios de dirección repentinos y gusta de las sorpresas.

La última sorpresa, tal vez el hecho más relevante en materia económica de todo el año, fue la modificación de las metas de inflación anunciada por el equipo económico de Macri en conferencia de prensa, tres días antes de fin de año. En pocos minutos y con un puñado de declaraciones de sus espadas mayores en materia de economía, el Gobierno nacional puso patas para arriba las previsiones de cara a 2018 y obligó a los analistas a recalcular todas las variables: dólar, tasas de interés, inflación, crecimiento, deuda, déficit fiscal, déficit comercial, puja por los salarios, todo se puede modificar a partir de lo anunciado el jueves.

Además de los anuncios, el subtexto evidencia un triunfo del ala política del Gobierno y de la visión de la economía del ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, por sobre la del presidente del Banco Central,  Federico Sturzenegger, que debió dejar de lado aquello de “meta que se corre no es meta” y aceptar que la política monetaria sea recalibrada y relajada –fueron textualmente los términos que utilizó- de acuerdo a las nuevas metas.

Para Sturzenegger el principal objetivo es reducir la inflación y para ello viene sosteniendo una política monetaria que a fuerza de tasas de interés muy altas procura aspirar pesos del mercado para enfriar el consumo y con ello evitar que los precios se disparen. Ese remedio logró aliviar la inflación, que bajó del pico de 41 por ciento de 2016 a alrededor de 24 por ciento en 2017, pero no alcanzó las expectativas que estaban expresadas en las metas del Presupuesto de este año, que marcaban un techo de 18 por ciento.

Además de no ser todo lo efectiva que se esperaba para combatir la inflación, la receta magistral del presidente del Central generó efectos secundarios negativos que se fueron profundizando a lo largo de 2017. Sacar pesos del mercado puede ser bueno para contener los precios, pero es malo para el crecimiento y para captar inversiones orientadas a la economía real, mientras que pagar tasas exorbitantes fue incrementando el déficit y obligando a tomar deuda para tapar ese creciente rojo.

Por otra parte, el ingreso de divisas producto del endeudamiento fue retrasando el dólar lo que llevó a un déficit de Balanza Comercial que rondará los 9.000 millones de dólares, un récord histórico para el país, y a un déficit por turismo y gastos con tarjeta en el exterior aún mayor: más de 10.000 millones de dólares. Si se le suman los pagos de intereses de la deuda externa, se obtiene la Balanza de Pagos, que este año cerrará con un rojo de 26.600 millones de dólares.

Las inconsistencias del modelo se fueron haciendo cada vez evidentes y en el equipo económico de Macri se conformaron dos bandos bien diferenciados.

Por un lado los defensores de la ortodoxia, encabezados por el presidente del Central que se mantenían firmes en la idea inicial de primero bajar la inflación a al menos 12 por ciento por año, pagando los costos que fueran necesarios, y recién después relajar la política monetaria y trabajar sobre los otros factores.

En la vereda opuesta, el ministro de Hacienda y funcionarios del ala política, advertían que esa receta estaba generando más problemas que beneficios y que eso se sentiría tarde o temprano en las urnas.

El único capaz de resolver la disputa era el presidente Macri, quien se expidió después de escuchar a las dos partes. En una reunión realizada días antes de la conferencia del jueves, Dujovne advirtió al presidente que si se seguían convalidando tasas de interés altas, se congelaría el crédito y se corría un serio riesgo de que la economía en vez de crecer por encima del 3 por ciento –tal como indicaban todas las previsiones- crecería apenas 1,5 por ciento por arrastre estadístico de este año.

Un crecimiento tan exiguo en un contexto de endeudamiento e inflación persistente y con un rojo tan marcado en la Balanza de Pagos, sería catastrófico no solo en el plano económico sino también en lo político, porque comprometería las metas fiscales no solo de la Nación sino también de las provincias, alejaría aún más a los inversores y reforzaría la dependencia al endeudamiento externo.

Ante esos argumentos, el presidente terminó inclinándose por la postura de Dujovne y el ala política encabezada por Marcos Peña.

Alto impacto

Ni bien terminada la conferencia en la que se anunció que la meta de inflación pasaría del 12 al 15 por ciento y la relajación de la política monetaria, economistas de todas las escuelas y tendencias ideológicas y empresarios de distintos sectores se pusieron a analizar cómo incidirían los anuncios. Sobre algunos puntos hay consenso y en otros no tanto.

En lo que todos están de acuerdo es que en 2018 habrá más inflación que la prevista –los pronósticos pasaron de 16,5 por ciento a valores que oscilan entre 19 y 20 por ciento- y que el dólar también aumentará más de lo que se pensaba hasta el jueves último.

La primera variable que se movió tras el anuncio fue el dólar. Dio un salto de 67 centavos para ubicarse en un nuevo máximo histórico de 19,45 en lo que fue la suba diaria más importante de los últimos dos años, para bajar sobre el cierre de la semana a 18,90 pesos.

Un incremento en las expectativas de inflación sumado a una baja en las tasas de interés quitará atractivo a las Lebacs y seguramente llevará a que muchos inversores dolaricen sus carteras, lo que debería elevar la cotización de la moneda estadounidense en 2018.

Sin embargo hay dos elementos que ayudarán al Gobierno a contener al dólar. El primero es que en tesoro del Central está bien alimentado gracias al endeudamiento, lo que le permitirá intervenir cada vez que lo considere necesario y el segundo es que los grandes productores de granos están sentados arriba de la soja esperando a que suba un poco el dólar y que el presidente cumpla con su promesa de reducir las retenciones, cuando finalmente vendan se producirá un ingreso de divisas que aliviará la presión sobre la moneda estadounidense.

Para pesar de las economías regionales exportadoras como las de Misiones, los analistas coinciden en que la devaluación que pueda producirse difícilmente llegue a revertir el atraso cambiario acumulado en los últimos años.

Como ejercicio vale analizar cuál debería haber sido la cotización del dólar para que acompañara la inflación desde diciembre de 2015, a la salida del cepo cambiario. Tomando como punto de partida una cotización de 15 pesos, a enero de este año la moneda debería haber cotizado por encima de los 21 pesos para acompañar los 40,5 puntos de inflación de 2016, mientras que cerrando 2017, su cotización debería alcanzar los 26 pesos para equiparar una inflación de 24 por ciento de ese año, cifra muy por encima del dólar record de esta semana que arañó los 20 pesos. Cálculos como ese llevan a la conclusión de que el dólar, pese a la fuerte suba de diciembre, todavía está bajo.

Posiciones encontradas

Expresidentes del Central como Mario Blejer y Martín Redrado consideraron positivos los anuncios porque vienen a poner una mayor cuota de realismo a las metas establecidas. En el mismo sentido se expresó el titular de la consultora ABECEB, Dante Sica, quien afirmó que “el Gobierno tomó una buena decisión” porque “sabía que no llegaba a esa meta del 10% y el miedo más grande es esa sobreactuación a cumplir una con una tasa muy alta y una depreciación del tipo de cambio”.

El empresariado en general también recibió de muy buen grado los anuncios porque entiende que están orientados a garantizar la profundización del camino de crecimiento iniciado este año, lo que significaría un mercado más demandante y más ventas.

Por el lado de los analistas -como siempre- las opiniones están divididas. Hay quienes valoran que una menor tasa de interés y un horizonte de tipo de cambio más alto le quita atractivo a la fenomenal bicicleta financiera y disminuye la afluencia de fondos externos especulativos. O que una recomposición del valor del dólar ayudaría a reducir el rojo de la Balanza de Pagos y con ello también disminuir la necesidad de tomar deuda para tapar ese déficit.

Pero no todas son rosas. Queda por verse cómo incidirá el repunte del dólar en una inflación que va a estar alimentada por la baja de las tasas. El riesgo aquí es que la inflación sea lo suficientemente alta como para conspirar contra el nivel de actividad.

Siguiendo este argumento, uno de los que se manifestó en contra de los cambios anunciados por el Gobierno nacional fue el director de la consultora E&R Diego Giacomini, quien pronosticó que “la modificación de la política monetaria llevada a cabo por Jefatura de Gabinete generará más inflación, dólar nominal más caro, pero no propulsará ni crecimiento, ni empleo. Paralelamente, la suba del dólar será absorbida por la suba de la inflación, y el tipo de cambio real permanecerá en el mismo lugar. No habrá más competitividad por tipo de cambio. En definitiva, el nivel de actividad económica se desacelerará en 2018 con respecto a 2017, y estas medidas, en lugar de contribuir de manera positiva, impactan negativamente”.

Nada de lo que digan los economistas y opinólogos escapa al análisis del equipo económico de Macri, que puesto a elegir entre dos riesgos: reavivar la inflación o ralentizar el crecimiento, prefirió el primero. Está convencido de que solo con una economía en crecimiento tendrá la posibilidad de ir solucionando progresivamente los desajustes de la macroeconomía.

Décimas más, décimas menos, la economía en 2018 continuará creciendo, pero lo hará a lomos de un creciente endeudamiento externo –el ministro de Finanzas Luis Caputo lo estimó en 30.000 mil millones de dólares- y arrastrando déficits gemelos abultados, condiciones que deberán ser revertidas en el mediano plazo para que el crecimiento sea sostenido y no haya que lamentar una nueva crisis.

 

Acuerdos que se cumplen

Horas antes de que se anunciaran las nuevas metas de inflación, el Senado convirtió en leyes la reforma tributaria y el Presupuesto 2018. Como ocurriera durante el tratamiento de la polémica reforma previsional, Misiones volvió a honrar los acuerdos alcanzados con el Gobierno nacional y los dos senadores renovadores acompañaron ambos proyectos, en coincidencia con lo dispuesto por el Gobernador Hugo Passalacqua y en línea al llamado a la concordia y la gobernabilidad que dio la autoridad partidaria allá por finales de 2015.

La voz cantante en representación del gobierno de Misiones la llevó el senador Maurice Closs, quien destacó los beneficios de la reforma fiscal, aún cuándo realizó algunas advertencias. Llevó al recinto la preocupación de las Pymes y las economías regionales por la pérdida de beneficios que favorecían a las empresas de las zonas más postergadas del país que –paradójicamente- caerán a partir de la puesta en vigencia de una norma cuyo objetivo es beneficiar al sector privado.

El exgobernador se refería a los cambios introducidos en los aportes patronales a partir de la reforma impositiva que prevé la instauración de un mínimo no imponible que irá creciendo paulatinamente hasta llegar a 12 mil pesos en 2022 -ajustado por inflación- salario bruto hasta el cual las empresas no deberán hacer aportes.

Ocurre que de la mano del nuevo régimen cayó la vigencia del decreto 814 que daba a los empresarios la posibilidad de pagar aportes patronales a cuenta IVA en porcentajes que aumentan cuanto más alejada estén las empresas del centro del país. En el cambio, las empresas misioneras salieron perdiendo.

En otra parte de su discurso en el Senado, Closs volvió a reclamar para Misiones una coparticipación mayor, que sea acorde a su población y a su situación de provincia periférica y puso en evidencia al Gobierno Nacional que sólo tuvo ojos para resolver las demandas de Vidal para Buenos Aires.

También planteó reparos hacia la política económica del país, en especial a las altas tasas de interés y al atraso cambiario. Las inconsistencias del programa económico advertidas por Closs y otros senadores como Pichetto, tuvieron rápida respuesta horas más tarde con la modificación de metas anunciada.

Más allá de las críticas y señalamientos, el voto positivo de los senadores renovadores confirmó una vez más la coherencia del Gobierno provincial a la hora de cumplir con los acuerdos de alta política y lo hizo en un momento clave, luego de que el presidente tuviera que enfrentar la más seria crisis política desde el inicio de su mandato con la polémica en torno a la reforma previsional.

La seriedad mostrada por Misiones en este agitado fin de año tuvo sus primeros frutos con la extensión por seis meses del régimen de ITC diferenciado que beneficia a Posadas y la expectativa es que esta relación más estrecha se traduzca en obras y beneficios concretos para la provincia.

Del lado de la oposición provincial, todavía quedan resquemores de la desobediencia radical al mandato partidario de Cambiemos de acompañar la propuesta de la fuerza mayoritaria en las elecciones de autoridades de la Legislatura.  No son pocos los que vieron allí un intento de algunos dirigentes del partido centenario, de desgastar la conducción de Humberto Schiavoni, candidato natural a disputar la gobernación en 2019, para terminar imponiendo a un radical en ese sitial. Saliendo de un año electoral, algunos ya están pensando en candidaturas.



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