Diego Lagomarsino fue procesado como partícipe necesario del homicidio de Alberto Nisman

Diego Lagomarsino fue procesado como partícipe necesario del homicidio de Alberto Nisman

Lo decidió el juez Julián Ercolini. “No tengo miedo, tengo terror”, había dicho el perito informático, que según la investigación fue quien proveyó el arma con la que murió el fiscal.

El juez Julián Ercolini procesó a Diego Lagomarsino como partícipe necesario del homicidio de Alberto Nisman después de indagarlo el 14 de noviembre.

El técnico informático fue embargado por 15 millones de pesos e inmovilizaron sus cuentas bancarias con excepción del sueldo. Además, deberá continuar con la tobillera electrónica, no puede alejarse de su casa por más de 24 horas y tiene prohibida la salida del país.

Además, se modificó la calificación para los custodios del entonces fiscal de la UFI AMIA que, además de haber cometido incumplimiento a los deberes de funcionario público, fueron hallados “encubridores” del asesinato.

También se procesó a Lagomarsino por la tenencia “ilegítima” del arma Bersa calibre 22 que entregó al ex fiscal y de donde salió el disparo que lo mató.

La justicia determinó que Diego Lagomarsino dejó de ser “facilitador” del arma con la que, según la junta interdisciplinaria de Gendarmería, fue “asesinado Alberto Nisman”, para ser una “pieza clave” en el hecho investigado.

Entregó el arma calibre 22 con “pleno conocimiento de lo que ocurriría”; es decir, la muerte del entonces fiscal, lo que ocurriría el 18 de enero de 2015. Por ello, el juez Ercolini lo encontró responsable del delito y lo procesó sin prisión preventiva.

Algo quedó descartado para la Justicia y es que el técnico informático no fue el autor material del homicidio de Nisman. No se pudo acreditar su intervención en el momento en el que se consumó el asesinato. Los responsables del hecho son aún “autores desconocidos”.

Pese a ello, el informático sí brindó “un auxilio o cooperación” sin el cual el delito investigado no se habría podido cometer. En otros términos, fue un “cooperador necesario” para que lleve adelante el “plan criminal” de terminar con la vida del ex titular de la UFI AMIA.

Para sostener dicha acusación, se planteó que Lagomarsino prestó una colaboración trascendental, ya que fue quien llevó la pistola “Bersa” que posteriormente se usó para “cometer el homicidio”,desechando la hipótesis inicial del expediente donde se habló de una “muerte dudosa”.

Todo fue negado por Lagomarsino el 14 de noviembre cuando declaró: dijo que entregó el arma sólo porque Nisman se la había pedido para proteger a sus hijas y que el entonces fiscal le “mintió” ya que sabía que se encontraba en Europa. Después se escudó en la idea de que tenía una relación de “amo y esclavo” con el entonces fiscal de UFI AMIA, algo que no tuvo “ningún sustento” según fuentes judiciales.

Para el juez Ercolini no hay dudas de que Lagomarsino fue parte del plan que se pergeñó para terminar con la vida de Nisman. Dedicó en su extensa resolución a repasar minuto a minuto cómo fue el movimiento en el departamento del ex fiscal el sábado 17 de enero, el último día que se lo vio con vida. Quien más ingresos tuvo fue el técnico informático, y la última vez que fue al departamento lo hizo con el arma Bersa.

Al reconstruir la escena y el rol de las personas intervinientes identificadas hasta ahora, se hizo énfasis en el “cómo ocurrieron” los hechos.

El fiscal Eduardo Taiano ponderó como un vehículo facilitador la “relación de confianza” que tenía Lagomarsino con el entonces fiscal. Nisman confiaba en pocas personas; el técnico informático, según la fiscalía, era una de ellas. Esto le permitía -entre otras cosas- “concurrir asiduamente al complejo ‘Le Parc’ y sortear cualquier tipo de control. Resultaba ser la persona indicada para ello”, había planteado el fiscal Taiano.

Por otro lado, el técnico informático -según la justicia-, colaboró en la etapa preparatoria del asesinato de quien fuera fiscal de AMIA, esto es, antes del comienzo de ejecución. Al analizar este escenario, se tuvo en cuenta que dentro del “plan criminal” era necesario que en el departamento de Nisman haya “una arma amiga” que permita “simular la escena de un suicidio”.

Tanto el fiscal como el juez Ercolini avalaron el informe de Gendarmería que concluyó que la muerte del ex fiscal de UFI AMIA, se trató de un homicidio, “ocurrido en el interior del baño y en el que participaron dos victimarios, uno de ellos manipuló el arma, mientras que el restante lo asistió y manipuló el cuerpo de la víctima”. Todo habría ocurrido a las 2.46 del domingo 18 de enero de 2015.

​Cuatro días antes había denunciado a Cristina Kirchner de encubrimiento del atentado de la AMIA, una acusación que fue investigada finalmente por el juez Claudio Bonadio y tiene a la ex Presidenta con pedido de desafuero y detención.

Lagomarsino también fue procesado por el delito de tenencia “ilegítima” del arma en cuestión, “la cual no contaba con la debida autorización legal, vencida desde abril de 2007”.

En este escenario, dos de los cuatro custodios también fueron procesados como encubridores del homicidio: se trata de Rubén Benítez y Luis Miño, acusados de no haber “protegido en forma debida” al entonces fiscal. Tenían a su cargo el dispositivo de seguridad los últimos días de vida de Nisman.

 



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