Conicet: desde la búsqueda del submarino perdido al páncreas artificial

Conicet: desde la búsqueda del submarino perdido al páncreas artificial

 

Capaz de cooperar con dos buques en el rastreo del fondo del mar para rescatar al submarino perdido, el CONICET ha dado muestras de su capacidad para mejorar la vida humana. El decano de Exactas de la UNAM, Dardo Marti, recordó que la creación del páncreas artificial por sus investigadores recorrió el mundo. A ello se sumó el descubrimiento de productos en el genoma de la yerba mate, beneficiosos para la salud, como el caso de los diabéticos y el fortalecimiento de los huesos, o la industria cosmética.

En estos días el Conicet fue noticia porque sus barcos oceanográficos ARA Puerto Deseado y ARA Austral colaboran en la búsqueda del submarino perdido en el océano Atlántico. “Han venido a reemplazar a las flotas internacionales de barcos en el análisis y estudio oceanográficos de la Argentina, dentro del proyecto Pampa Azul. Una vieja deuda del país es conocer los recursos naturales del Mar Argentino, toda la plataforma argentina, en su biodiversidad”.

Los buques del Conicet cuentan con tecnología avanzada en geofísica, estudio de la biología de plancton, y pueden rastrear profundidades, por eso se sumaron a la búsqueda del San Juan. En declaraciones a MisionesOnline, Marti dijo que “pasamos de conocer la cantidad exacta de merluzas que tenemos en nuestro mar, a la noticia que dio la vuelta al mundo: el páncreas artificial”, para ejemplificar la amplitud de las tareas de investigación del organismo.

El sistema más avanzado en la atención de diabéticos que se usa hasta ahora es el ideado en la Universidad de Virginia en EE.UU. El páncreas ideado por el Conicet argentino, llamado ARG, simplifica el cálculo de dosis de insulina según los alimentos ingeridos por el diabético. “El anterior, exigía que el paciente diabético debía informar qué comió al páncreas artificial, para dosificar la insulina según los gramos de hidratos de carbono o azúcar ingeridos”.

Tal método, que requería cálculos, carga de información y otras tareas, complica el uso, en especial cuando se trata de personas mayores. “El desarrollo de un páncreas artificial, creado en la Argentina en el Conicet, es un algoritmo, que justamente se llama ARG por sus siglas en inglés que es la dosificación automática de la insulina en el cuerpo. Elimina todos los cálculos y todas las condiciones que la persona o el paciente le tiene que incorporar al sistema. O sea que será automático. Mide la sangre, según un algoritmo matemático junto con un equipamiento que ya fue probado en cinco pacientes en la Argentina, en el Hospital Italiano”.

Los investigadores participantes eran de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de Quilmes, entre otros organismos. “El sistema va testeando la sangre y, en base a lo que has ingerido en hidratos de carbono y en azúcares, va dosificando la cantidad de insulina que necesita el cuerpo. Entonces el paciente no se confunde. Estamos pensando una persona mayor. Minimiza la cuestión de error”, explicó el decano Marti, quien además es evaluador de proyectos en el Conicet.

El páncreas artificial fue probado con éxito en pacientes argentinos. Posee un sensor continuo de glucosa y una bomba de infusión de insulina subcutánea, disponibles en el mercado, con un algoritmo diseñado en el país que controla automáticamente los niveles de azúcar en sangre desde un smartphone.

El primer ensayo en dos hombres y tres mujeres insulinodependientes duró 36 horas y el algoritmo ARG, por las siglas en inglés de regulación automática de la glucosa, logró mantener los valores de glucosa controlados el 86% del tiempo, sin la intervención del paciente.

 



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