Festival Nacional de la Música del Litoral: El último sapukay

Festival Nacional de la Música del Litoral: El último sapukay

El Festival de los misioneros finalizó haciendo culto al alma y expresión máxima y final de nuestra música, el baile. Luego de tres noches exitosas, los fuelles y guitarras se llaman a silencio hasta que sea la hora de volver a sonar.

“El de este año ha sido un festival diferente”, relató Luis Marinoni, director del Ballet Oficial, ganador del Mensú de Oro en 2015 y miembro de la Comisión del festival. “Ha sido un festival que nos remonta al pasado, cuando se hacía desde un lugar más emocional, y esta edición no se pudo haber construido sin ese componente que es la carga del alma”, prosiguió al finalizar la última entrada de ese ballet que deslumbra en cada presentación, con temáticas diversas, pero siempre con la identidad como bandera. “Con el ballet ya estuvimos ensayando desde hace varios meses. Como bailarín y director del Ballet Oficial tengo el desafío de transmitir a los bailarines el respeto de lo que significa bailar sobre ese escenario en el que se han consagrado los más grandes artistas como Santiago Ayala, “El Chúcaro” y Norma Viola”, terminó.

Siguiendo con el baile, impresionante fue lo de los muchachos de La Ponzoña, que en su venenoso paneo musical por lo más bailable del folklore nacional, hicieron bailar a todo el mundo incluyendo sus propios músicos, que dejaron al fuelle en soledad y se pusieron a zapatear junto a decenas de parejas en esa bailanta al costado del escenario, un acierto que seguramente con los años se convertirá en tradición.

El secretario de Cultura y Turismo, Christian Humada, expresó que “Fueron 8 meses de arduo trabajo que se cristalizaron en 3 noches con más de 60 números artísticos y una gran puesta en escena. Sin dudas, la aceptación del público fue lo más gratificante junto al reconocimiento, por parte de los mismos artistas, de Posadas como gran anfitriona por su buen trato hacia todos los músicos y bailarines”.

 

El gran baile en el Parque Paraguayo

Y si hablamos que el baile es la expresión final de nuestra música litoraleña, debemos decir que esta edición del festival lo exaltó de gran manera, porque se bailó en el escenario (impecables las entradas de la Escuela Municipal de Danzas), se bailó en las gradas, se bailó en la bailanta al costado del escenario (lo que acercó a los artistas aún más al público) y también se bailó afuera del Anfiteatro, en la Peña Oficial. Allí es oportuno detenerse y analizar. Por la carpa montada por personal municipal con el apoyo permanente de los integrantes del MPM (Músicos Populares Misioneros) desfilaron tanto artistas ya consagrados como los Hermanos Núñez, Joselo Schuap o Cuti Carabajal, como una legión de ilustres desconocidos para el gran público, esos artistas anónimos que son el verdadero motor de la música popular. Además, la Peña homenajeó a Ismael Menchaca, presidente de la populosa y siempre ligada al arte comunidad boliviana, quien falleciera tan sólo unos días atrás.

 

Emociones para todos

El escenario mayor fue epicentro de los más sentidos homenajes y reconocimientos durante las tres noches, y en la última fue el turno de los premios Revelación y Consagración. El primero fue para Mario Pereyra, quien fuera ganador de la preselección en Posadas (también se realizaron en Puerto Tirol -Chaco-, Esperanza -Santa Fe- y Encarnación). La gran noche de Mario Pereyra fue la del sábado, cuando con el festival apenas iniciado y las tribunas con el público todavía acomodándose, levantó al respetable con la fuerza de su juventud y ganas de crecer.

Siguiendo con los premios, el Consagración de esta edición fue para la nueva diva misionera Diana Amarilla, quien cautivó a los presentes en la noche del domingo cuando a pesar de que en la grilla estaban los “pesos pesados” del Festival, Diana se llevó los mayores aplausos demostrando el amor incondicional que tiene Posadas con esta artista que ya brilla junto a las estrellas de la galaxia del mainstream nacional.

Pero si hablamos de momentos emotivos, nada se podrá comparar con el homenaje realizado por Fabián Meza, quien junto a sus músicos dieron, como siempre, un show impecable a puro chotis y con ese hermoso recitado en homenaje a Capataz Betancourt, pero su figura llegó al cielo cuando recordó a Stefy Vier.

 

LA HORA DE LOS GRANDES… VO DIJITE

El festival entraba en la recta final, y todavía quedaba munición gruesa para agitar los últimos sapukay. Ñamandú y Los Menchos del Chamamé ya son instituciones de nuestra música regional, ni hablar de Los de Imaguaré, que hicieron que hasta los vendedores de caburé dejaran sus asadores para bajar a ver, provocando una humareda de proporciones. Y si hablamos de humareda, hablamos de incendio, y algo así fue lo que sucedió cuando la Energía Chamamecera de Moni Encina irrumpió en el Alcibíades Alarcón. Encina es especialista en echarle gasolina al fuego, y si al inicio hablábamos de que este fue un festival a puro baile, el final en manos de Samaniego lo enmarcó.

El Festival de los misioneros finalizó haciendo culto al alma y expresión máxima y final de nuestra música, el baile. Luego de tres noches exitosas, los fuelles y guitarras se llaman a silencio hasta que sea la hora de volver a sonar.

“El de este año ha sido un festival diferente”, relató Luis Marinoni, director del Ballet Oficial, ganador del Mensú de Oro en 2015 y miembro de la Comisión del festival. “Ha sido un festival que nos remonta al pasado, cuando se hacía desde un lugar más emocional, y esta edición no se pudo haber construido sin ese componente que es la carga del alma”, prosiguió al finalizar la última entrada de ese ballet que deslumbra en cada presentación, con temáticas diversas, pero siempre con la identidad como bandera. “Con el ballet ya estuvimos ensayando desde hace varios meses. Como bailarín y director del Ballet Oficial tengo el desafío de transmitir a los bailarines el respeto de lo que significa bailar sobre ese escenario en el que se han consagrado los más grandes artistas como Santiago Ayala, “El Chúcaro” y Norma Viola”, terminó.

Siguiendo con el baile, impresionante fue lo de los muchachos de La Ponzoña, que en su venenoso paneo musical por lo más bailable del folklore nacional, hicieron bailar a todo el mundo incluyendo sus propios músicos, que dejaron al fuelle en soledad y se pusieron a zapatear junto a decenas de parejas en esa bailanta al costado del escenario, un acierto que seguramente con los años se convertirá en tradición.

El secretario de Cultura y Turismo, Christian Humada, expresó que “Fueron 8 meses de arduo trabajo que se cristalizaron en 3 noches con más de 60 números artísticos y una gran puesta en escena. Sin dudas, la aceptación del público fue lo más gratificante junto al reconocimiento, por parte de los mismos artistas, de Posadas como gran anfitriona por su buen trato hacia todos los músicos y bailarines”.

 

El gran baile en el Parque Paraguayo

Y si hablamos que el baile es la expresión final de nuestra música litoraleña, debemos decir que esta edición del festival lo exaltó de gran manera, porque se bailó en el escenario (impecables las entradas de la Escuela Municipal de Danzas), se bailó en las gradas, se bailó en la bailanta al costado del escenario (lo que acercó a los artistas aún más al público) y también se bailó afuera del Anfiteatro, en la Peña Oficial. Allí es oportuno detenerse y analizar. Por la carpa montada por personal municipal con el apoyo permanente de los integrantes del MPM (Músicos Populares Misioneros) desfilaron tanto artistas ya consagrados como los Hermanos Núñez, Joselo Schuap o Cuti Carabajal, como una legión de ilustres desconocidos para el gran público, esos artistas anónimos que son el verdadero motor de la música popular. Además, la Peña homenajeó a Ismael Menchaca, presidente de la populosa y siempre ligada al arte comunidad boliviana, quien falleciera tan sólo unos días atrás.

 

Emociones para todos

El escenario mayor fue epicentro de los más sentidos homenajes y reconocimientos durante las tres noches, y en la última fue el turno de los premios Revelación y Consagración. El primero fue para Mario Pereyra, quien fuera ganador de la preselección en Posadas (también se realizaron en Puerto Tirol -Chaco-, Esperanza -Santa Fe- y Encarnación). La gran noche de Mario Pereyra fue la del sábado, cuando con el festival apenas iniciado y las tribunas con el público todavía acomodándose, levantó al respetable con la fuerza de su juventud y ganas de crecer.

Siguiendo con los premios, el Consagración de esta edición fue para la nueva diva misionera Diana Amarilla, quien cautivó a los presentes en la noche del domingo cuando a pesar de que en la grilla estaban los “pesos pesados” del Festival, Diana se llevó los mayores aplausos demostrando el amor incondicional que tiene Posadas con esta artista que ya brilla junto a las estrellas de la galaxia del mainstream nacional.

Pero si hablamos de momentos emotivos, nada se podrá comparar con el homenaje realizado por Fabián Meza, quien junto a sus músicos dieron, como siempre, un show impecable a puro chotis y con ese hermoso recitado en homenaje a Capataz Betancourt, pero su figura llegó al cielo cuando recordó a Stefy Vier.

 

LA HORA DE LOS GRANDES… VO DIJITE

El festival entraba en la recta final, y todavía quedaba munición gruesa para agitar los últimos sapukay. Ñamandú y Los Menchos del Chamamé ya son instituciones de nuestra música regional, ni hablar de Los de Imaguaré, que hicieron que hasta los vendedores de caburé dejaran sus asadores para bajar a ver, provocando una humareda de proporciones. Y si hablamos de humareda, hablamos de incendio, y algo así fue lo que sucedió cuando la Energía Chamamecera de Moni Encina irrumpió en el Alcibíades Alarcón. Encina es especialista en echarle gasolina al fuego, y si al inicio hablábamos de que este fue un festival a puro baile, el final en manos de Samaniego lo enmarcó.



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