Rosario: la despedida íntima y dolorosa a los argentinos asesinados en Nueva York

Rosario: la despedida íntima y dolorosa a los argentinos asesinados en Nueva York

Amigos, familiares, funcionarios y hasta el padre Ignacio velaron los restos de los cinco amigos asesinados en el atentado.

La tragedia de los diez amigos en Nueva York se materializó este lunes. Salió del pavor transmitido por pantallas y redujo a cero la distancia, que la hacía parecer inverosímil de tan terrible. Rosario recibió, seis días después del atentado, los cuerpos de las cinco víctimas mortales. Los amigos volvieron a su tierra natal. Fue un día triste bajo un sol caliente como el del verano, que, así todo, tuvo su lado luminoso: también regresaron tres de los cinco sobrevivientes, los que tienen que seguir.

Seis días después de ser asesinados por Saypullo Saipov (29 años, nacido en Uzbekistan) los restos de Ariel Erlij (48), Hernán Mendoza (48), Diego Angelini (48), Hernán Ferruchi (48) y  Alejandro Pagnucco (49) fueron trasladados desde el aeropuerto de Ezeiza hasta Rosario en un cortejo fúnebre custodiado por las policías provinciales de Buenos Aires y Santa Fe. Al mismo tiempo, dos aviones procedentes de Buenos Aires trajeron temprano en la mañana a Iván Brajkovic (48), Juan Pablo Trevisán (48) y Ariel Benvenuto (48), los amigos vivos. De la pista, directamente, salieron a sus casas.

“Es una desgracia lo que han hecho a estas familias. Las destruyeron. Eran todos pibes sanos, deportistas, buena gente. No puede ser que un loco genere todo este desastre”. Jorge, amigo de los padres de casi todas las víctimas, socios como él del club Rowling, salió de la casa velatoria Caramuto, en el centro Rosarino, con los ojos irritados por las lágrimas. La sensación de injusticia e impotencia cruzó a las cientos de personas que se acercaron durante todo el lunes al edificio donde simultáneamente despidieron a Mendoza, Angelini, Ferruchi y Pagnucco. Muchos ya habían pasado por un cementerio privado de la localidad de Pérez, donde hicieron lo mismo con Ariel Erlij.

A pesar de la presencia de la intendenta local Mónica Fein (quien recibió en el aeropuerto de Fisherton a los sobrevivientes y a las familias de las víctimas y luego pasó por los sepelios), Rosario no pareció aplastada por la congoja como el último miércoles, cuando se generó espontáneamente una vigilia en el colegio Politécnico, de donde egresaron todas las víctimas hace 30 años. Esta vez, excepto por las calles cortadas para no entorpecer la fluidez del cortejo, la ciudad pareció distraída del hecho por su ritmo cotidiano. Ya sin la bandea a media asta, el duelo fue menos social que íntimo.

Tras los muros del edificio de cuatro pisos de Caramuto, todo fue dolor. Por la despedida de los cuatro amigos pasaron amigos, compañeros de trabajo, alumnos, socios del club Rowling, representantes de la Cámara de Arquitectos local y docentes y ex alumnos del “Poli”. “Vinimos a honrar el afecto y la amistad que ellos tenían”, comentó Alicia Oliva, vicerrectora del colegio que fundó la amistad, que ellos habían ido a celebrar a Nueva York. No se acercaron desconocidos, y la única manifestación popular fue bizarra, o fuera de lugar. De un auto rojo salió la voz de un hombre, que al pasar retumbó con un barrabravesco “¡Le vamos a ganar al ISIS!”.

Al lugar también llegó el padre Ignacio, un sacerdote ceilandés nacionalizado argentino, célebre por su presunto poder de sanación. El cura entró y salió por una puerta lateral y no hizo declaraciones a la prensa. También estuvieron funcionarios provinciales. Pablo Farías, ministro de Gobierno provincial, sí habló a los periodistas que montaron guardia. “Los familiares están con mucho dolor y mucha bronca”, sintetizó.

Los cuerpos fueron velados en el tercer piso de este edificio ubicado en la calle Córdoba. En la sala 301, estuvieron Mendoza y Ferrucchi, juntos por pedido de sus familias. Angelini, en la 302 y Pagnucco, en la 303. Todos a cajón cerrado. Cerca de las 18.30 Angelini fue trasladado al Cementerio de los Disidentes, donde fue enterrado, rodeado de unas 50 personas.

Las otras tres víctimas del atentado permanecerán en las salas velatorias del centro de Rosario hasta el martes a la mañana. Mendoza y Ferrucchi serán cremados en el cementerio de la ciudad de Villa Constitución y Pagnucco, en el cementerio local La Piedad.

En un espacio privado de la localidad de Pérez, unas mil personas participaron del sepelio del empresario metalúrgico Ariel Erlij. Su familia volvió este lunes desde Nueva York con sus restos, que sobre el final de la tarde fueron cremados allí mismo. “Era una persona con mucha luz. Un gran creador. Vamos a seguir con la misma fuerza y recordándolo con mucho amor”, comentó Ezequiel Cazorla, propietario del lugar y amigo de la víctima, quien hizo de vocero familiar.

“Es muy triste. Ya pasaron unos días y caímos un poco pero la verdad que es un dolor muy fuerte. Son cosas que no podés terminar de creer”. Carina, compañera de la promoción 87 en el Politécnico, reflexionó mientras veía salir el coche que llevaba al cementerio a Angelini. Junto a otros compañeros de aquella camada, y para honrar la amistad, ahí mismo se juraron acompañar para siempre a los que siguen vivos.



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