Asesinó a su ex mujer a puñaladas pero la Justicia no consideró que sea violencia de género y evito la prisión perpetua

Asesinó a su ex mujer a puñaladas pero la Justicia no consideró que sea violencia de género y evito la prisión perpetua

Condenaron a 22 años de cárcel a un hombre por asesinar a cuchilladas a su ex pareja frente a sus tres pequeños hijos, en su casa de la localidad bonaerense de Pilar. El agresor, acusado de golpear a la víctima y de ejercer violencia de género, eludió una pena de por vida ya que el hecho no fue considerado por el tribunal como un “femicidio”.

Un hombre fue condenado a 22 años de cárcel por el asesinato de su ex esposa delante de sus hijos, en su casa de la localidad bonaerense de Pilar a la que tenía prohibido el acercamiento, y esquivó la prisión perpetua por “femicidio” porque el tribunal consideró que actuó bajo “emoción violenta” y no medió “violencia de género”, informaron fuentes judiciales.

Los jueces Federico Guillermo Ecke, Osvaldo Rossi y Julio San Martín, integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 4 de San Isidro, dieron a conocer, el martes en una audiencia cerrada al público, esta condena a Brian Montenegro (22), el único imputado por el crimen de Débora Díaz (28).

Un vocero judicial precisó que el juez San Martín reconoció que no había pruebas concretas para demostrar que hubiera mediado una relación violenta y desigual de poder cuando fueron pareja pero que sí había indicios de ello, por lo que votó en disidencia con sus pares, que dieron por probado el estado de emoción violenta de Montenegro al momento de cometer el crimen.

La fiscal Carolina Carballido Calatayud había solicitado en su alegato que se le aplicara la pena máxima del Código Penal por “homicidio doblemente agravado por el vínculo y por violencia de género”, además de “desobediencia”, ya que el joven violó la restricción perimetral que la Justicia le había impuesto para que no se acercara a su mujer, quien lo había denunciado.

Carballido Calatayud aseguró que si bien no leyó el fallo porque aún no se dieron a conocer los fundamentos, va a “recurrir a Casación” para apelarlo e insistir con el pedido que había realizado, en coincidencia con la familia de la víctima. “La violencia de género estaba acreditada. Débora había sido golpeada varias veces, se había separado, había una prohibición de acercamiento y un expediente en la Justicia de Familia donde un psicólogo dijo que era víctima de violencia doméstica y que estaba en alto riesgo”, confirmó.

Además, la fiscal afirmó que “salvo en una réplica del alegato, en ningún momento del juicio se habló de emoción violenta y tampoco se reveló ningún hecho que en ese momento le haya hecho perder los frenos inhibitorios”. También agregó: “la defensa sólo había planteado que había que bajarle la pena porque era un chico joven”, recordó la titular de la fiscalía especializada en Violencia de Género de Pilar.

El hecho se registró el 22 de febrero de 2016 cerca de las 21 en una vivienda ubicada en las calles 20 de Junio y José María Paz, en la localidad de Villa Astolfi, partido de Pilar, donde se encontraba Díaz con sus hijos de 11 y 6 años y un bebé, fruto de su relación con Montenegro. Unas horas antes del cometer el crimen, el joven ya le había advertido a una de las hermanas de la víctima que la iba a matar cuando pasó caminando frente a la casa con una botella de vino en la mano. Según revelaron los investigadores, Montenegro había sido excluido de su hogar por orden judicial y tenía una restricción de acercamiento desde el 28 de diciembre de 2015, ya que Díaz lo había denunciado tras las reiteradas golpizas a las que la sometía. A pesar de esto, el hombre había desobedecido la prohibición perimetral en reiteradas oportunidades pero nunca había sido denunciado ni por la víctima ni por su familia, por lo que la joven no contaba con un botón antipánico.

Montenegro logró ingresar por la fuerza en la casa e increpó a la mujer, a quien encerró a los empujones en una de las habitaciones, donde le asestó seis puñaladas con un cuchillo en el tórax y en la espalda. Tras el crimen, el hijo mayor de Díaz logró escapar corriendo de la vivienda en medio del ataque para pedir ayuda, e incluso la propia Débora alcanzó a salir de la casa herida, aunque falleció poco después en la vereda frente a los menores.

Montenegro huyó del domicilio y fue capturado a las pocas horas mientras se escondía en unos terrenos cercanos al lugar del hecho.



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