Nutrición: ¿Dar o no azúcar y sal en niños menores de un año?

Nutrición: ¿Dar o no azúcar y sal en niños menores de un año?

La alimentación en niños menores de 1 año debe comenzar a los 6 meses de edad, complementando a la lactancia materna, que hasta ese entonces debería ser exclusiva. Cuando comienza la alimentación complementaria surgen muchas dudas acerca de qué alimentos dar nuestros niños y cuales evitar, y el caso del azúcar y la sal, es fundamental.

La recomendación es que no se debería añadir ni azúcar ni sal durante el primer año vida de un bebé. Después, es conveniente utilizar pequeñas cantidades de sal yodada y tratar de utilizar lo menos posible azúcar para endulzar preparaciones, ya que, de forma natural encontramos azucares en muchos alimentos, como en los lácteos en forma de lactosa, y en las frutas en forma de fructosa, pero, es importante destacar que no tienen el mismo efecto que el azúcar de mesa. Sin embargo, muchos alimentos, como galletitas, golosinas, dulces y postres, panificados y bebidas tienen azúcares agregados que aportan calorías sin nutrientes, las llamadas “calorías vacías”, lo cual repercute en el peso corporal y el porcentaje de grasa, pudiendo provocar una obesidad.

Al tratar de evitar el azúcar, es imposible no hablar de los edulcorantes artificiales. En los niños sólo deberían usarse como alternativa, cuando otras formas de prevención de la obesidad no sean suficientes, es decir, tratar de enseñarle desde las primeras papillas a disfrutar del sabor natural de los alimentos, sin tener la necesidad de agregar azúcar o edulcorantes, porque en definitiva, el grado de  “dulzura” de una preparación o alimento resulta de nuestras costumbres.

Es importante resaltar que, el consumo de azúcares, de un modo equilibrado y natural con los alimentos que lo contienen, tiene propiedades positivas para el organismo (desarrollo de las funciones cognitivas y de la actividad física, entre tantas otras), es decir que, el cuerpo necesita de los azucares naturales para sus funciones, no así, de azúcar agregado, ya sea blanca o negra. No obstante, el abuso de azúcares podría estar relacionado con la obesidad, el aumento de triglicéridos sanguíneos, la diabetes, etc.

Con respecto a la sal, sucede lo mismo en lo que tiene que ver con el acostumbramiento. Si a un bebé le preparamos sus papillas sin agregar sal, el niño conocerá los sabores propios y naturales del alimento, y “no sabe” que debe agregar sal, sino que somos los adultos, acostumbrados a comer salado, quienes transmitimos ese hábito a nuestros hijos, justamente porque nosotros aprendimos eso  anteriormente.

Un dato importante es que a los niños que reciben lactancia materna les resulta más fácil introducir los alimentos a partir de los seis meses porque la leche materna tiene distintos sabores y el niño está acostumbrado a ello. Es importante destacar la importancia de la nutrición en estos periodos, incluso en la alimentación de la madre, para el desarrollo de enfermedades a largo plazo. Los niños con bajo o sobrepeso al nacimiento, tienen riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas en edades adultas, y si, sumado a esto, le “enseñamos” el hábito de la sal y el azúcar, el riesgo se incrementa notablemente.

En conclusión, debemos brindar comidas saludables a nuestros niños, buscando la mayor variedad, dentro de nuestras posibilidades, tratando de que sean naturales, tanto en origen de los alimentos como en sus sabores, utilizando condimentos suaves, aromáticos, a fin de evitar el agregado de tanta sal y azúcar.

Lic. Romina Krauss

M.P. n° 147

 

 

 



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