Parto respetado: “Parí a mi bebé parada, con luz tenue y sin que me apuren”

Parto respetado: “Parí a mi bebé parada, con luz tenue y sin que me apuren”

Martina Almada tuvo a su hijo en la Maternidad Estela de Carlotto, en Moreno. En la sala de partos le permitieron elegir en qué posición quería parir: parada, en cuclillas, en cuatro patas, en la ducha o acostada a 45 grados.

Martina Almada tenía 25 años cuando supo que estaba embarazada. Los miedos aparecieron enseguida: miedo porque iba a ser madre primeriza, miedo porque iba a ser madre soltera y miedo porque había escuchado demasiadas historias de mujeres que habían sido maltratadas durante el parto. Este último miedo tenía un disparador preciso: una mujer de su propia familia le había contado que, mientras paría a su tercer hijo, la enfermera le dijo: “Si te gustó antes, aguantate el dolor ahora”.

Primero fue a atenderse a una clínica privada. “Me atendieron en tres minutos, mucho no me gustó”, cuenta Martina Almada (28) a Infobae. Su mamá le recomendó que fuera a la salita de Moreno, donde vivían. Fue la obstetra de la salita quien le aconsejó, cuando ya estaba de siete meses, que siguiera el proceso en la Maternidad Estela de Carlotto, que también está en Moreno. Le contó que ahí podía continuar el curso de preparto y que había un equipo de psicólogas que podían ayudarla a fortalecerse emocionalmente para atravesar el parto sola.

“Yo tenía muchos miedos. Por ejemplo, tenía miedo de que, al no tener pareja, me obligaran a estar en el parto sola. Tenía miedo, también, porque varias mujeres me habían contado que las habían tratado mal cuando nacieron sus hijos. Tenía miedo de que me apuraran mucho, ponerme nerviosa y no poder. También a que se llevaran al bebé sin explicarme a dónde o para qué. O a que me hicieran una cesárea sólo por comodidad, porque mi hermana había tenido varias cesáreas hasta que un médico le dijo que podría haber tenido partos naturales”, enumera.

En la maternidad, Martina hizo el curso de preparto, el curso de lactancia y continuó el tratamiento con la psicóloga. Y en la semana 38, cuando entró a la sala de partos, los peores fantasmas se desvanecieron: “Era un lugar muy tranquilo, con luces tenues, no parecía una sala de partos. Vos podías elegir cómo querías parir”, cuenta.

Y lo describe: “Podías usar las pelotas para aliviar los dolores de las contracciones, caminar o quedarte acostada, y después parir de forma horizontal en la camilla, sentada en un banquito, parada en la sala, parada en la ducha, y podías usar las telas que colgaban de las paredes para sostenerte. Además, mi mamá pudo estar conmigo todo el tiempo. Nadie me apuró, estuve más de ocho horas esperando a que se desencadenara el parto. Alejo nació cuando tenía que nacer”.

Martina no tenía una decisión rígida sobre cómo quería parir: “La verdad es que probé acostada y no pude. Y cuando me paré sentí que así iba a poder: la partera me dijo que si me sentía cómoda parada que pujara, y fueron a buscar las colchonetas. Así, parada y con ellas sosteniéndome, porque no daba más, hice dos pujos y nació”.

 

Mucho de lo que Martina cuenta es el ABC del “Parto Respetado” o “Parto humanizado”, que está contemplado en la ley 25.929, pero rara vez se cumple. Quien lo explica es Eduardo Daniel Fernández, tocoginecólogo y director de la maternidad Estela de Carlotto.

“En esta maternidad se decidió sacarle el protagonismo a los médicos y dárselo a las familias. Por lo general, los partos naturales se hacen en posición horizontal, porque cuando la mujer está acostada el médico puede estar al lado asistiendo cómodamente. Pero la verdad es que, por una cuestión de gravedad, es más sencillo para la mujer parir parada. Es más incómodo para los médicos, claro, pero es el momento de ellas, no el nuestro”, agrega.

Además de la opción de parir de pie, las mujeres pueden elegir si quieren parir en cuclillas, en cuatro patas, paradas en la ducha o acostadas en la camilla en forma horizontal o a 45 grados. La premisa es que el parto sea natural, es decir, no usan medicación ni anestesia, salvo que por alguna razón sea necesario. No hay límite de tiempo en la espera, no se pone oxitocina para provocar las contracciones y la familia puede elegir la música que quiere escuchar mientras todo eso sucede.

La maternidad es pública (pertenece al ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires) y eso significa que puede ir cualquier mujer (no importa donde viva) y atenderse de manera gratuita. La idea es que vayan por primera vez durante la semana 35 para que les hagan los controles y se aseguren de que se trata de un embarazo de bajo riesgo.

Si surge alguna complicación, hay tres quirófanos en los que pueden hacer cesáreas. Pero sucede sólo en casos excepcionales. Si bien el informe de la OMS llamado “Epidemia de cesáreas” indica que Argentina es uno de los países con mayores tasas de cesáreas (es del 30,9% y en el sector privado puede alcanzar hasta 67%), la tasa de esta maternidad en lo que va del año es del 11%. El dato dejó tranquila a Martina, que había leído sobre la corriente de “cesáreas innecesarias”.

Que la maternidad tuviera el foco puesto en el parto respetado fue una decisión consciente que tomaron hace 4 años, cuando la inauguraron, y decidieron seguir los pasos de la Guía de Unicef llamada “Maternidad Segura y centrada en la familia”. “Y tuvimos que desaprender un montón de prácticas e incorporar otras, porque la maternidad es nueva pero nosotros los médicos, no”, confiesa su director.

Alejo nació el 15 de julio de 2015 y no se lo llevaron rápidamente. “Otro miedo que tenía y que no sucedió. Me lo pusieron en el pecho y esperaron varios minutos antes de cortar el cordón”, cuenta Martina. El director de la maternidad explica a Infobae por qué se toman el tiempo para hacer esas dos cosas.

“Está probado que en ese contacto piel con piel, en el corte tardío del cordón y en el hecho de que la mamá pueda darle la teta en la primera hora hay un enorme beneficio, que es el apego temprano”, dice Fernández. “En ese momento, el bebé no tiene vacunas que lo defiendan en la vida extrauterina y todo eso ayuda al reconocimiento del binomio madre-hijo y a mejorar su sistema inmunológico, porque el calostro que empieza a pasarle tiene muchísimos anticuerpos. No es casualidad que a esos primeros minutos de la vida se los llame ‘la hora de oro'”. (Infobae)



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