Escritor misionero publicó un poemario con valoraciones de Beatriz Sarlo y Mercedes García Saraví

El poeta, ensayista y docente universitario Angel Nuñez publicó recientemente el libro Estancia, Epigramas, poemario que posee valoraciones de Beatriz Sarlo, Jorge Torres Roggero y Mercedes García Saraví, y anunciará en breve su presentación en Misiones.

El poeta Angel Nuñez se define como un misionero de Santa Inés (aunque nació en Buenos Aires). Es un hombre de letras de variado registro (ensayo, docencia universitaria), su poesía a lo largo de muchos años recorre “la restitución de un legado histórico para reconocer el hombre en toda su riqueza, su dolor, sus sueños, su rebelión, su júbilo y su fe” (B. Sarlo). Y en la construcción de la selva “abarca lo cosmológico y lo filosófico para comprensión del mundo e instalación en él” (J. Torres Roggero). Situado en la ciudad de São Paulo, en el obligado exilio en Brasil, o en la provincia, nos dice que la poesía lo coloca “en un eje con polos a tierra y al cielo, al Paraná y al mar, a la selva y a los caballos que galopan entre el pajonal” (presentación de Poemas fundamentales).

TRES POEMAS DE ÁNGEL NÚÑEZ

De su último libro, Estancia. Epigramas (2017)

AGUA

Cante poeta,
Cante nomás, que será agua

De La construcción de la selva

La canoa liviana:
oscilación, roleo en el agua del Pindapoy
entre la vegetación que te acaricia
atentos al vuelco

En medio del Paraná
en medio de la corriente,
me digo
¡qué regalo el de Dios!

El dorado peleó,
pero le gané.
Una alegría en el río.

El Zaimán no se navega
hoy aquí es una suave corriente de agua
rodeada de las orquídeas de su vegetación
Hay que tener cuidado para arrimarse
por el bañado costero

Sigue la lluvia
que no para:
rayas finas
que caen en el rojo
Semana de lluvia, esta
solo mirar árboles y monos
y ñandús que corren:
solo mirar

Un día, ¿cuántos días
en la galería
viendo llover?
Y el chico que mira
sorprendido.

AIRE

Imborrable aquél viejo hidroavión
(alfombra mágica hacia el deslumbramiento)
que te trae y te lleva a Misiones
fantasía de cuatro horas
esperando llegar a la estancia
al galpón, el caballo y la marcha.


TRABAJO

Andar a caballo,
una forma de la felicidad.
Andar a caballo bajo la lluvia
y sentir la naturaleza

Andar cadencioso del montado
ritmo del movimiento,
el cuerpo acompaña el baile

Trabajo y función, buscar lejos la provista
pero estar montado no cansa,
es estar, nomás.

Una larga huella, un día, con el montado al sobrepaso
para llegar
desde Santa Elisa

Un camión cargado de ganado
puesto en la balanza entre mugidos
invoca
la riqueza de la estancia.

El ombú pare
a su alrededor
el rodeo
movimiento de gente y animales
corridas, polvo, gritos,
y elegancia con el lazo al pialar
De a pie vuela el lazo y el torazo cae
Los montados esperan, quietos
a sus jinetes.

El potro gateado se pierde en el pajonal.
El toro que venía enfurecido se arrodilló
Evoco a Ludovico, nombre de ese toro
que no dejaba que nadie entrara en su potrero.

La naturaleza tiene su ritmo.-

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Escritores de Buenos Aires leyendo el libro Estancia

A continuación se transcribe un artículo sobre su libro Estancia, escrito por Mercedes García Saraví.

Estancia, Epigramas, de Ángel Núñez, por Mercedes García Saraví

Una cubierta multicolor, en la que predominan los azules, los rojos y los verdes aparenta anunciar un conjunto de poemas alegres, celebratorios. Sin embargo, un epígrafe de Nietzsche, famoso pesimista, pone en jaque ese optimismo inicial.

La multiplicidad de sentidos de “estancia” convoca a interpretar el aún cerrado libro hacia variedad de universos. La estancia familiar, Santa Inés, reducto de tradiciones, modales, costumbres y recuerdos para el yo poético y para Ángel, es lo primero que brota a la interpretación y lo evocado. También surge el sentido de permanencia, de hogar, a más del que se imprime desde el ámbito de la teoría literaria y que refiere una forma métrica que no se usa en absoluto en el breve libro. Pero también el subtítulo de epigramas trae en sí otra noción académica que Núñez conoce en profundidad. La brevedad poética, ingeniosa, tal vez satírica o festiva se respeta en cuanto a la ágil pincelada, aunque predomina esa melancolía propia del hombre ya mayor que revive en la memoria y en el pulso viejas experiencias.

En el espacio abierto, limpio, de las hojas, los poemas se alternan con ilustraciones referenciales y coloridas. El “viaje” desde la llegada a la casona campestre aparece dibujado vívidamente por un maduro Ulises, que está volviendo constantemente, hijo pródigo que respira de nuevo lo que ya sabe que recibirá.
Placeres minúsculos y ancestrales “caminar descalzo por el parque”, revivir mañanas eglógicas, con arroyos y flores blancas, se cruzan con viejos temores, técnicas agrícolas de antaño como quemar los pastos, aunque ese fuego que acecha no sea tan planificado.

Es como si todos los tópicos de Misiones se concentraran en esta lírica novedosa, reverente a los verdirojos ambientes, a las lluvias eternas y macondianas. Estos sucesivos paisajes evocan el tradicional locus amenusde los clásicos, y lo atraviesan con el sentido evocador que trae el ubisunt, también de antigua raigambre. Salpican la sugestiva memoria animales y plantas que se anclan en el referente. Al mismo tiempo, la localización genealógica pone al hablante en línea a sus antepasados y las gentes sencillas de la estanciacon momentos cruciales de una vida a la vez errante y asentada. Me acucia la tentación de recordar a W. Benjamin, cuando hablaba de los narradores inmóviles y los viajeros, pero me abstraigo de lo profesional, y me atengo a lo intuitivo de una primera lectura espontánea. Compruebo complacida entonces que Estancia es un libro de fuerte impronta, y que quienes conocemos esa tierra recuperada podremos acompañar las andanzas del poeta y que al mismo tiempo, los ajenos a la zona respirarán esos horizontes surcados por la melancolía.



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