Recorriendo la fantástica ciudad de Barcelona, al igual que su particular gastronomía

“La cultura y pasión gastronómica de esta maravillosa ciudad, con más de 2.000 años de historia, nos cautiva con su magia”, señala en su columna semanal la sommelier Karla Johan.

 

Barcelona es una ciudad costera de España,  muy completa y distinta a todas, con más de 2.000 años de historia nos cautiva con su magia. Para los amantes del arte, abundan las construcciones modernas (art nouveau), siendo la iglesia La Sagrada Familia el mejor exponente. También hay museos que albergan desde las mejores colecciones del mundo de frescos románicos hasta obras de Picasso. Nadie se puede resistir a sus encantos culturales, artísticos y gastronómicos.

 

Mi visita había comenzado por el barrio de la Rambla y el Raval. Los musulmanes aplicaron el nombre Árabe al-raml (arrollo) al riacho que serpentea hacia el Mediterráneo. Luego, Jaume I levantó nuevos muros a lo largo de la orilla a mediados del siglo XIII, a la sombra este de La Rambla gradualmente tomó forma.

 

En la década de 1.530 vinieron los conventos y las iglesias. Más tardes los nobles construyeron sus mansiones. Finalmente, el muro se demolió a mediados del siglo XIX, y las brechas se rellenaron con viviendas.

 

Hoy es un paseo obligado para el turista que visita esta ciudad observar un desfile constante de transeúntes que circulan por esta Rambla. Uno de los atractivos gastronómicos más interesantes en la zona es el Mercado de la Boquería,  que se encuentra ubicado en el sitio de un convento de Carmelitas fundado en 1.586. Tiene una construcción moderna de metal, con mucha luz natural.  Siempre lleno de gente ávida por comer y comprar.

Podemos encontrar desde verduras y frutas exóticas, hasta marisco y pescados vivos, listos para ser vendidos al mejor postor, la langosta es un clásico ejemplo.

También se pueden comprar especias, e ingredientes raros de diferentes partes del mundo.  Aquí los amantes de la gastronomía suelen comprar sus mejores insumos.

Otro mercado para tener en cuenta si quieren comer mariscos y disfrutar de la cultura de la ciudad, es el Mercat de Sant Josep.

 

Al oeste de esta zona, está el Raval, barrio de la Ciudad Vieja. Aquí encontramos el MACBA, Museo de Arte Moderno y galerías. En este barrio se instalaron varios cafés y bares, que vale la pena visitar. El más conocido es Mamacafe (Carrel del Doctor Dou 10).

 

También pueden visitar El Born que se encuentra ubicado entre la Iglesia de Santa María del Mar, y al ex Mercado del Born. Este edificio tiene una extensa historia y un merecido aprecio por los ciudadanos. El dicho dice “Roda el món i torna al Born” (“Vaya por todo el mundo y vuelva al Born”), lo que fue un sector comercial en su época ha regresado como un lugar favorito para hedonistas.

 

Haciendo un poco de historia, esta zona comenzó sus actividades en el siglo XIII, donde la gran plaza era la reunión del comercio internacional. También en el siglo XIV se utilizaba como zona para práctica de armas y torneos. Pero no era solamente el lugar de encuentro de elegantes caballeros, también los festivales y procesiones se llevaba a cabo aquí. Desde 1.723 el Born tomó forma de Mercado el Mercat del Born,  una fina estructura de metal fue erigido en 1.876 y estuvo en uso hasta 1.971. Hoy convertido en un centro cultural,  se pueden observar las excavaciones que muestran su pasado.

 

Una buena opción si tienen un poco de apetito, es almorzar dentro de este Centro Cultural, en el restaurante de la prestigiosa marca de cervezas Moritz, donde tienen un museo fotográfico, que muestra el pasado comercial de la zona y ofrece una carta de platos y cervezas muy variado, además de buen precio.

 

Otro atractivo es el famoso y extraordinario Palau Güell, es una de las primeras obras modernas de Antoni Gaudí.  El propietario principal, el industrial Eusebi Güell i Bacigalupi (1.846-1.918), lo encargó al edificio a comienzos de 1.880, como un anexo de su residencia en la Rambla.

 

 

Siguiendo con el recorrido de las obras de Gaudí, se puede conocer la famosa iglesia de La Sagrada Familia.  Suele ser la puerta de entrada para el turista que visita esta ciudad. Este templo arquitectónico, sin terminar, es una sinfonía que no se puede dejar de disfrutar.

Comenzó en la década de 1.880, en una zona de tierras abiertas. Pasarían décadas antes de que esta parte de la ciudad se llenara de las viviendas que se pueden ver hoy. Y pasarán algunas décadas más, antes que esta iglesia, una de las más inusuales, este completamente terminada.

 

Los dibujos, fotos y modelos que sobrevivieron,  han permitido que los arquitectos puedan tener una idea  global de como Antonio Gaudí  intentó terminarla. La tecnología y las donaciones privadas, ayudan a poder concluir esta obra maestra, donde los optimistas estiman estará finalizado en el año 2.020.

 

Haciendo un poco de historia, a la hora de la muerte de Gaudí, en 1.926, una fachada (menos tres torres), la cripta y el ábside estaban terminados.  Luego la falta de fondos, y la conmoción política de la década de 1.930, la Guerra Civil, y las difíciles décadas de 1.940 y 1.950 no permitieron su avance.  Desde entonces, se construyó otra fachada, la nave central fue techada y la obra en la fachada principal comenzó.

 

Los planos finales de Gaudí preveían un templo de 95 metros de largo por 60 metros de ancho, con una torre central de 170 metros de altura y otra de 100 metros o más.  Albergará 13.000 personas sentadas. Doce de las torres (4 en cada fachada) representan a los Apóstoles (se han construido 8),  mientras que otras cinco simbolizan a los cuatro Evangelistas y la Virgen María.  Por sobre ellas, se encuentra la torre central, que representa a Cristo.

 

Cada fachada fue pensada para contar la historia: la Navidad, La Pasión, y la Gloria de Cristo. Para visitarla, hay que entrar por la Fachada de la Pasión, cuyos arquitectos comenzaron en 1.954.

 

También las obras de Gaudí que no pueden dejar de visitar, son La Pedrera (Casa Milá). Este edificio, con una fachada ondulada y criticada por los humoristas, que la catalogaron como una fortaleza bizarra, de ciencia ficción, es una de las obras más fotografiadas. Y la Casa Batlló (termianda en 1.906), es una de las más extraña de este gran genio modernista.

 

Después del paseo tenía en agenda una cena que estuve esperando con ansias. Comer en el famoso restaurante con una estrella Michelin Disfrutar, ubicado sobre calle Villarroel 163.

Lo inauguraron en diciembre de 2.014, y nació después de años de trabajo intenso en elBulli (famoso restaurante dirigido por el prestigioso Chef Ferrán Adrià), donde Mateu Casañas, Oriol Castro y Eduard Xatruch se conocieron y formaron profesionalmente.  Luego del maravilloso éxito en Compartir (su primer proyecto),  inaugurado en abril de 2.012 en Cadaqués, decidieron seguir con esta escuela pero en Barcelona.

 

En Disfrutar se puede vivir una experiencia de pasos,  característico en los nuevos restaurantes con estrellas Michelin. Ofrecen maridajes armonizados con vinos, o bien se puede optar por un vino de la extensa carta, que la supervisa el Sommelier del lugar. En mi caso me entusiasmé con probar el Menú Festival, con varios pasos, acompañado de un vino blanco de la zona del Priorat –garnacha blanca- y un tinto a base de Syrah, Mazuelo y Cabernet Sauvignon.

 

 

Para comenzar me sirvieron un Cóctel del día La remolacha que sale de la tierra, Lichi y Rosas a la ginebra. Luego seguimos con Candy salado de nueces con mango, haba tonka y whisky, Multi pescadito frito con huevas de trucha fresca y alga codium.  Disfruta de la aceituna, Galleta de Idiazábal ahumado con manzana.

 

 

Continuamos con Yema de huevos crujientes con gelatina de setas; “Dumpling” de boletus; Tarta de maíz y foie-gras; Ceviche en desconstrucción. Atún con frambuesas marinadas y sake-kasu, Nuestros macarrones a la carbonara.  Ensalada líquida; polvorón de tomate y Carviarole de arbequina. Langostinos al ajillo, Salmonetes con papada; y ñoquis de berenjena; Pichón a la  marroquí.

 

Para el postre la propuesta fue bien variada: Bocadillo de sorbete de mango al cardamomo; Cucurucho de tarta de queso; Tarta al whisky; Pimientos de chocolate, aceite y sal; Algodón de cacao y menta.

 

Una vez que finalizada la cena, se puede optar por tomar el café y fumar un puro en la hermosa terraza del restaurante.

 

La experiencia de comer en Disfrutar es realmente una fiesta para los sentidos. Recomiendo incluir esta visita en la agenda con tiempo, porque se manejan con antelación las reservas.

La tradición dice que “si bebes agua de la fuente Font de les Canaletes, seguramente regresas a Barcelona”. Estoy esperando ese regreso, para seguir empapándome de la cultura y pasión gastronómica de esta maravillosa ciudad.

 

(*) Por Karla Johan –Sommelier 

www.karlajohan.com.ar



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