Estrategia en defensa de los intereses misioneros, militancia multitudinaria y un acuerdo histórico

Estrategia en defensa de los intereses misioneros, militancia multitudinaria y un acuerdo histórico

La semana comenzó con uno de los hitos de mayor carga simbólica en la agenda política misionera: la apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura. El Gobernador Hugo Passalacqua cumplió con la obligación constitucional de rendir cuentas de su gestión ante los legisladores, pero también dejó definiciones políticas contundentes que eran esperadas con la ansiedad propia de un año electoral.

Como nunca antes, transitar las calles de Villa Sarita –barrio posadeño que alberga a la Cámara de Representantes- resultó una tarea dificultosa durante la mañana del 1 de mayo. Interminables columnas de partidarios de distintas agrupaciones renovadoras se movían a paso lento copando las calles de vereda a vereda. Cuando todavía faltaba una media hora para el inicio del acto, la explanada ubicada en el ingreso a la Legislatura, la calle que cruza frente a ella y las demás calles que convergen a esa zona, ya estaban tapizadas de gente, la mayoría jóvenes.

Más allá de las cifras que se manejaron –los cálculos de cantidad de asistentes suelen ser poco fiables cuando hay política de por medio- todas las fuentes consultadas, incluso dirigentes opositores, coincidieron en que se trató del acto de inicio de sesiones de mayor convocatoria, al menos en los últimos 30 años.

Tal vez ese haya sido el dato político más relevante ese día: la capacidad de atraer militantes que conserva la Renovación a pesar de los 14 años que lleva al frente del Ejecutivo misionero. Casi la totalidad de los jóvenes que el 1 de mayo dedicó el feriado a marchar detrás de una bandera política, lo hizo detrás de una bandera renovadora. La fuerza gobernante volvió a demostrar su capacidad de seducción.

Juntos, pero no amontonados

En lo que remite estrictamente al discurso de Passalacqua, dos fueron los ejes centrales en materia política: la defensa del modelo misionerista como guía en la relación Nación – Provincia y una clara bajada de línea para la tropa propia de cara a las elecciones: concentrarse en la gestión y abstenerse de proyectos personales.

El Gobernador dejó en claro que la Provincia no se va a alinear con ninguno de los bandos que profundizan la grieta, ni con la ancha avenida del medio o cualquier otro movimiento político de orden nacional. “Simplemente somos nosotros, los misioneros y nuestras circunstancias”, definió.

Caracterizó como de “oposición constructiva” a la posición frente al gobierno de Mauricio Macri y destacó que esta posición de “no alineamiento” permitió construir una relación fructífera con la Nación y al mismo tiempo reservar el espacio de independencia necesario para impulsar los reclamos que correspondan cuando los intereses de los misioneros se vean lesionados en cualquier forma.

Esa política permitió a la Provincia obtener beneficios en forma de obras, planes y fondos para distintos fines, sin que ello implicara la renuncia a reclamos históricos como la recuperación del porcentaje de coparticipación cedido hace 30 años a favor de la provincia de Buenos Aires.

Como turco en la neblina

Esta relación de madurez y respeto mutuo con el Gobierno nacional dejó descolocado al radicalismo. El centenario partido atraviesa una crisis de identidad notoria. Sin un candidato propio con posibilidades reales de competir por la presidencia en 2015, optó entonces por prestar su estructura al PRO y todavía no está muy claro qué lugar ocupa dentro de ese espacio.

A escala provincial, esta crisis de identidad es aún mayor. Los radicales misioneros, los que se quedaron dentro del partido, se definen como opositores al Gobierno provincial y partidarios del Gobierno nacional. El problema para los radicales es que ambas administraciones no están enfrentadas, por el contrario dan muestras de cultivar una relación armónica y respetuosa, lo que viene a cuestionar la propia lógica del posicionamiento asumido por los radicales. Cada gesto de acercamiento entre Macri y Passalacqua, desnaturaliza un poco más la postura que defienden los radicales.

Tal como está planteado el tablero político provincial, al votante más o menos informado le queda claro que hombres del riñón del PRO como los Schiavoni, Miguel López Vedoya o Jorge Ratier representan un alineamiento directo y acrítico al gobierno nacional; la Renovación propone una relación con criterio de construcción colectiva pero de negociación permanente y sin lugar para la prepotencia centralista; mientras que otras opciones como el Frente Avancemos se presentan como opositores al macrismo y al gobierno provincial.

En ese marco, el posicionamiento del radicalismo, aparece desdibujado: segunda opción dentro de Cambiemos por detrás del PRO de paladar negro y opositores al Gobierno provincial pero alineados detrás de un presidente que mantiene buenas relaciones con la administración misionera.

Buena vecindad

Con la presencia de los presidentes Mauricio Macri y Horacio Cartes, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) logró el jueves pasado poner fin a tres décadas de desencuentros a través de la firma de un acuerdo que compromete a la entidad, refinanciación mediante, a saldar las deudas que mantiene con ambos países.

El entendimiento permitirá normalizar las finanzas de la EBY y con ello avanzar en proyectos hidroeléctricos binacionales como la construcción de la central de Aña Cuá, la ampliación de la central principal de Yacyretá y el desarrollo de iniciativas como la represa de Itatí – Ita Corá. Corpus no está en agenda y desde la entidad se ocuparon de aclarar que solo se analizará su construcción si los misioneros así lo deciden a través de un nuevo plebiscito.

Las obras de ampliación de Yacyretá y de Aña Cuá incrementarán alrededor de 25 por ciento la capacidad de generación de la central ubicada en Ituzaingó sin agregar más impacto ambiental al que ya generó dicho emprendimiento.

El acuerdo, que pudo lograrse en buena medida gracias a las buenas artes de los altos funcionarios de la EBY: Humberto Schiavoni y Martín Goerling por Argentina y Ángel Recalde, por Paraguay, representó el cumplimiento de un objetivo largamente perseguido, especialmente por Argentina dada la necesidad de contar con un mayor caudal de energía.

2×1. La resistida matemática de la Corte

En un fallo que generó el rechazo de amplios sectores de la sociedad, la Corte Suprema benefició a militares condenados por delitos de lesa humanidad con el cómputo de pena conocido como 2×1. En la escena política nacional, la decisión del órgano supremo de justicia cosechó el previsible rechazo de la fuerzas de la oposición, especialmente de la izquierda y del ala más progresista del peronismo y también fue cuestionada por la plana mayor del Gobierno nacional: “Rechazamos el 2×1, y más que se aplique a delitos de lesa humanidad”, declaró el viernes el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, ante cronistas del diario Clarín para despejar posibles dudas.

En Misiones la medida también cosechó rechazos de la mayoría de las fuerzas. La Legislatura volvió a ser la caja de resonancia de la política, el lugar privilegiado para que se expresen todas las corrientes. En la sesión del jueves, la primera del año, los 40 diputados votaron a favor de una declaración de repudio a la medida de la Corte, calificada como “incomprensible” en la mencionada declaración.

De paso por Misiones, la vicepresidente Gabriela Michetti también manifestó su desacuerdo con la aplicación del 2×1, aunque aclaró que el Gobierno respetará los fallos de la justicia. Anticipó además que el Gobierno nacional analiza la posibilidad de reducir las cargas sociales, como medida para incentivar el empleo y reducir los costos de producción.

 



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