La estremecedora historia de “Carozo”, el caballo que murió luego de ser cruelmente maltratado

La estremecedora historia de “Carozo”, el caballo que murió luego de ser cruelmente maltratado

Durante años el maltrecho animal fue usado para tracción a sangre hasta que finalmente cayó vencido en Buenos Aires.  Agotado, con sus últimas fuerzas, el animal se desplomó de costado y no pudo levantarse. En ese estado fue azotado y obligado a pararse. Fue la intervención de algunos vecinos de un barrio humilde la que pudo frenar las agresiones porque, conmovidos con lo que veían y sin encontrar alternativas, decidieron juntar dinero para comprar al equino moribundo y así pedir socorro para que lo asistieran.

Con la “transacción” ganada, los vecinos llamaron a Defensa Civil de Berisso (Buenos Aires) que llegó con un batán y cuerdas para subirlo y así poder trasladarlo al Centro de Rehabilitación y Rescate Equino (CRRE) donde recibió asistencia veterinaria. “Estaba muy desnutrido, al menos 300 kilos debajo del peso ideal, porque era un caballo de porte grande”, contó a Infobae Romina, una proteccionista que lo asistió. Por la descripción que dio, un caballo de esa talla debe pesar, al menos, 500 kilos.

Según difundió CRRE, “Carozo”, como lo bautizaron, “era utilizado en un estado de desnutrición absoluta y con el cuerpo repleto de heridas por empujar un carro. Estaba en un estado que helaba la sangre al verlo… Es indescriptible lo mal que se encontraba. Llegó como si fuese un despojo, cubierto de barro, bosta y hasta estaba quemado con cal viva en su cuerpo. El bozal lo tenía incrustado en la carne. Durante mucho tiempo nadie ni siquiera intentó sacárselo”. CRRE difundió por las redes las imágenes que ilustran esta nota para demostrar el cruel e insostenible padecimiento de muchos caballos que son forzados durante horas a cargar carros y peso extremo (más de dos o tres veces el de su propio cuerpo). “Llegó con hipotermia, desnutrido, con el bozal encarnado. Aparentemente dormía en algún lugar donde había cal porque estaba quemado y sacamos cal de él”, lamentó Romina.

El caballo fue rescatado y durante tres días estuvo estabilizado, pero no logró sobrevivir. “Carozo llegó con su última gota de vida a nosotros el día viernes. Pudimos estabilizarlo y durante dos días se mantuvo con fluido-terapia porque no podía casi tragar del dolor indescriptible que sentía. El domingo a las 4:20, tras tenerlo envuelto en sus mantitas y comiendo lo poco que podía, Carozo terminó recostándose y en su suspiro de completa tranquilidad se fue… Fue un momento de mucha bronca y mucho dolor. Nos quedamos reunidos junto a él observándolo y queriendo entender cómo alguien era capaz de destruir un alma tan noble y tan frágil, pero no había respuesta. Cuando reflexionamos sobre estos temas nos entristecemos mucho porque estamos lejos de poder cambiar esta realidad: la tracción a sangre y su tendal de caballos no descansa, la tracción a sangre se expande con rapidez, como una toxina que envenena a cada provincia y que mancha a cada municipio. Ya ningún lugar en Buenos Aires está libre del maltrato animal, ni siquiera Capital Federal, donde la tracción a sangre se encuentra prohibida, porque varios carreros se infiltran para recolectar residuos o ir hasta otros barrios”, reflexionó la proteccionista.

Romina también contó que muchas veces se hace difícil la relación con las personas que ven a los caballos como medio de tracción y que —olvidando que son seres vivos, o no empatizando con su sufrimiento— los cargan y obligan a funcionar como una máquina. Lejos de estigmatizarlos y de reconocer la problemática social que viven las personas, tanto CRRE como otras ONG y grupos animalistas solamente piden que se prohíba la tracción a sangre y que los recolectores carreros puedan entregar a los equinos a cambio de un motocarro para poder trabajar. La idea beneficiaría, sin dudas, a todos. “No estamos en contra de los sindicatos de carros, estamos en contra de que se usen los caballos”, sostuvo la proteccionista, alegando que esa actividad tampoco es buena para las personas y, sobre todo, para los niños que participan de la recolección levantando residuos de cualquier tipo sin utilizar guantes ni nada que los proteja.

La historia del rescate y muerte de Carozo es reciente y el final fue el peor, pero, como dicen los mismos proteccionistas en medio del pesar después de cada pérdida: “Se fue libre y conoció el amor humano”.



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