Edy Lemos, la maestra rural de San Antonio que hizo llorar al Senado de la Nación

Edy Lemos, la maestra rural de San Antonio que hizo llorar al Senado de la Nación

En el marco de la charla “Ejemplos de la vida de las mujeres Transformadoras”, realizada el 9 de marzo en el Senado de la Nación, la senadora misionera Sandra Giménez presentó la historia de una mujer muy particular: se trata de Edy González Lemos que con 47 años, es docente de la Escuela 898, que inicialmente era un aula satélite y en la actualidad tiene una matrícula con 60 alumnos. Está en el paraje Alegría de la localidad de San Antonio.

Edy trabaja allí desde 2004. Además de educar se dedica a cocinar para todos los alumnos de su amada escuelita rural. Enseña a los niños de 1°, 2° y 3° grado y tiene una estudiante muy especial: María, que con sus 83 años y una severa ceguera tuvo, por primera vez en su vida, la posibilidad de aprender a escribir.

En octubre de 2008 a Edy le diagnosticaron cáncer de pulmón. Entonces desde el Consejo de Educación le ofrecieron hacer tareas administrativas en la oficina de Supervisión Escolar que funciona en el pueblo. Pero ella no quiso abandonar a sus alumnos y decidió seguir caminando de lunes a viernes los 20 kilómetros que separan a la escuela del pueblo. Desde el año pasado recorrer el trayecto se hace más llevadero, ya que Edy se compró un caballo al que bautizó Moro.

Cuando habló en el Senado de la Nación, lo hizo acompañada de una presentación hecha en “power point”, con imágenes que le sirvieron para mostrar mejor algunos aspectos de su pueblo. “Estamos a 300 kilómetros de la capital de la provincia, Posadas, y a 120 de las Cataratas, una de las siete maravillas naturales del mundo”, comenzó relatando. Luego contó que San Antonio tiene frontera con Brasil y todo lo que eso trae aparejado: “A pesar de que para muchos en nuestro pueblo se termina el país, nosotros nos sentimos más argentinos que muchos”, dijo.

En el límite del parque natural provincial Urugua-í ahí se encuentra la escuelita 898. Allí trabaja Edy, como docente rural de unos 60 alumnos aproximadamente. Son hijos de chacreros que trabajan la tierra. Muchos de ellos van una vez al mes al pueblo a cobrar la asignación o a comprar mercadería. Los niños a veces van una vez al año y muchos ni siquiera conocen el pueblo. Sueñan con una bicicleta o con algún juguete; y los reconforta saber que en el día de su cumpleaños en la escuela tendrán su regalito porque la “mae” Edy nunca se olvida.

Al esbozar la pintura de su pueblo, entre otras cosas, Edy contó: “Alguno de estos padres trabajan de tareferos, o sea que tenemos muchos chicos golondrina que no terminan la primaria. La influencia de Brasil, en lo que se refiere a los medios de comunicación, hace que los chicos hablen casi todo el tiempo en Portugués, porque los niños solo ven canales brasileros. Cuando hay partidos de fútbol prefieren hinchar por Brasil y no por Argentina. Aprenden primero el himno brasileño porque los cuadernos que compran en Brasil traen la letra del himno. En invierno van con chilenas, a pesar del frío”.

 

Pero también habló de injusticias; del maltrato a las mujeres, sobre todo a las de la colonia que no salen nunca. “Con 11 o 12 años las niñas ya son mamás. Nosotros peleamos día a día y logramos que la escuela se transforme en un lugar de contención, y a pesar de los logros seguimos teniendo una sociedad bastante machista, inclusive en las grandes ciudades”.

También habló de su enfermedad y dijo que aprendió a convivir con ella. “No me va a ganar y por esos chicos voy a ir y voy a estar y voy a cocinar. Me gustan los desafíos y creo que Dios me puso en ese lugar y nunca me abandonó” expresó y arrancó un cerrado aplauso de quienes la escuchaban en ese momento.

Tenemos todo, somos perfectas y a trave´s de la educación podemos hacer algo. Eso me dio la oportunidad de conocer grandes personas con sentido de solidariad inigualable. Cambiar el paradigma desde la educación, cambiar para mejor

Cuando contó la anécdota de Doña María, la mujer de 83 años que aprendió a escribir su nombre, dijo “tal vez para el sistema no sea gran cosa, pero para mí, su sonrisa al ver que podía escribir su nombre, no tiene precio”.



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