Visitando Cáceres para conocer el mito del Chateau d´Yquem

Era primavera en España, estaba recién llegada a Madrid, y tenía una invitación de un amigo y colega, para visitar el Restaurante Atrio, en la ciudad de Cáceres. “Atrio es ante todo un lugar de encuentros imprevisibles”, dicen sus dueños José Polo y Toño Pérez sobre este prestigioso restaurante, que cumplió el año pasado sus 30 años (1986) y que obtuvo su segunda estrellas Michellin en el  2004. También ha ganado prestigio internacional, no solo por su excelente gastronomía, sino también por su famosa bodega que encierra el mito del Chateau d’Yquem , una de las colecciones privadas de vinos más prestigiosas de España y del mundo, con más de 45.000 botellas.

 

Ergo, me dispuse a tomar el tren y después de cuatro horas ya estaba llegando a esta hermosa ciudad. Los primeros dos días me dedique a visitarla, recorrer sus calles y sus museos, para empaparme un poco de la cultura y la historia del lugar.

 

Cáceres es una ciudad que se encuentra a  400 km al sur de la ciudad de Madrid, es capital de la comunidad autónoma de Extremadura desde 1822. El origen de la ciudad se sitúa en torno al año 25 a.C., cuando Lucio Cornelio Balbo funda la colonia romana de Norbensis Caesarina.

 

La Ciudad Vieja de Cáceres fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1986. Esto permitió conservar uno de los conjuntos urbanos más completos de la Edad Media y del Renacimiento  del mundo, además de fomentar el turismo, especialmente en Semana Santa para las celebraciones.

 

El secreto en Cáceres es caminar. Hay que ponerse zapatos cómodos y dejarse llevar por las calles con adoquines y sus edificaciones de color marrón claro, que le dan un toque medieval.

 

El punto neurálgico es la Plaza Mayor, desde donde se puede observar  el pasado de la ciudad. Por estas calles transitaron culturas como los romanos que dejaron su impronta en las edificaciones, y  los árabes, las piletas subterráneas que hay que visitarlas.

 

En la Plaza de Santa María podemos destacar la Iglesia-Concatedral de Santa María, que da nombre a la plaza, el Palacio de Carvajal, que fue erigido entre los siglos XV y XVII, el Palacio de las Veletas (Museo provincial de Cáceres). Los palacios de los Golfines, la Casa del Sol, la Torre de Bujaco o el Arco de la Estrella, son algunos de sus monumentos más bellos y admirables.

También es interesante tomarse media mañana para subir a la montaña, donde podrán observar durante el recorrido, la Cueva de Santa Ana, que posee la presencia humana más antigua de Extremadura, en torno a un millón de años de antigüedad. Asimismo, se puede observar la ciudad desde las alturas, donde se aprecia claramente el casco histórico delimitado por la ciudad moderna.

 

 

Después de hacer turismo,  llegó el gran día para cenar en Atrio con el Sommelier Diego Echegaray. Era una tarde hermosa, cálida, con una brisa ideal para disfrutar de la noche.  Llegamos a las 20 horas para poder degustar un clásico vermut en la terraza del Hotel,  ya que Atrio se encuentra desde el año 2010 dentro del hotel Relais & Chateaux (*****) en el casco histórico de Cáceres. El nuevo proyecto fue diseñado por  los arquitectos Emilio Tuñón Álvarez y Luis Moreno Mansilla, que supieron crear un lugar maravilloso, que encierra la magia de la edificación antigua con la impronta moderna.

 

Luego del aperitivo, estábamos listos para cenar, pero previamente nos dispusimos  a hacer la visita guiada a la bodega.

 

Ya en el lugar Diego se dispuso a contarme el mito del Chateau d’Yquem cosecha 1806 – vino blanco dulce de la denominación de origen Sauternes.  Me contó que los dueños decidieron viajar a Londres,  a una subasta de vinos organizada por la prestigiosa casa Christie’s. Una vez allí detectaron esta botella a un excelente precio para sumarla a su colección privada.  Pero al recibir la botella en el restaurante, la persona encargada de quitarla de la caja de madera observó lo inesperado, una pequeña filtración en el hombro de la botella estaba dejando salir líquido de la misma.

 

En ese preciso momento, uno de los dueños del lugar decide llamar a la bodega, con quienes tienen una relación de años.  Después de impartirles algunas recomendaciones para conservar el vino, deciden subir a su auto particular y conducir hacia Souternes,  al sur de Francia.  El objetivo, poner la botella en manos de expertos, lo antes posible.

 

La propia enóloga Garbey de la casa Chateau d’Yquem  se encargó  personalmente de la delicada labor de trasvasar el contenido del líquido a una botella nueva y completarla con piedras de vidrio.   Hoy esta botella, re embotellada, es la reliquia de la bodega, y cuesta tres veces más que el valor original de compra.  Hasta la propia bodega quiso adquirirla debido a su historia, pero el amor y la pasión por este vino fueron más fuertes que la tentación de venderla.

 

 

Habiendo escuchado cuidadosamente la historia, ya estaba enamorada del lugar y dispuesta a disfrutar de la cena. Una vez en el salón, nos acomodaron en una mesa hermosa, estratégicamente ubicada para poder observar todo el servicio. Luego se acercó el Chef y propietario, Toño, quien no dudo en preguntar ¿vienen con hambre?  Sabiendo que el menú de degustación, que consta de 12 platos y algunas cositas más…debe ser disfrutado.

 

A los pocos minutos, se acercó el Sommelier  principal,  José Luis Paniagua, quien estaba al tanto que iba a llevar dos botellas de vinos argentinos para la cena, uno blanco LUCA Chardonnay-  de la prestigiosa Laura Catena, y un Cabernet Sauvignon de la bodega 40/40 del joven enólogo Lucas Pfister,  ambos de Mendoza.

 

Es difícil poder transmitir los aromas y sabores de un menú, pero quisiera que puedan acompañarme en esta experiencia de 12 pasos y más…

 

Comenzamos con el plato Pepino, es un ravioli abierto con manzanas verdes, arenque y apio, y Patatas Revolconas, con su piel crujiente.

 

Seguimos con Bloody Mary, un granizado de tomate y helado de cebolletas. Luego llegaron las Gambas marinadas, ensalada de brotes y crema agria. A estas alturas del menú, solo pensaba en lo sorprendente que eran los sabores y texturas en mi paladar, pero cuando llegaron las OSTRAS y lo digo en mayúsculas, estaba todo dicho, este era una de las mejores experiencias gastronómicas de mi vida.

 

Una la presentaban a la parrilla con vermouth blanco, y la otra, “canalla”, frita con papel de frutos rojos y kimchi.

Seguimos con Loncheja Ibérica,  con calamar en brioche de tinta. Ceviche sólido de mero, con semiesfera de fruta de la pasión. Luego llega el rey del menú, el famoso Carabinero, acompañado de maíz y meloso de cerdo ibérico.

 

Después el Salmonete con pesto de avellanas y calvados, y el Solomillo de Retinto en dos pases….en Tartar con sorbete de mostaza asados, con costra crujiente de hierbas.
Para acercarnos al postre, la famosa Tarta Del Casar de Cáceres, acompañada de peras, con bizcocho de té matcha y aceite de oliva.
Para los golosos, Chocolate torrija con PX (Pedro Ximenez), cinco especias y sal de cayena. La Cereza  que no es cereza, fue el broche final del menú.

Después de la cena, decidimos con Diego tomar la última copa, un Brandy de Jerez, en la terraza del restaurante. Compartiendo un cigarro, y observando las estrellas entre las volutas de humo, me dispuse a soñar en el próximo encuentro gastronómico.

 

 

 

(*)Sommelier

www.karlajohan.com.ar



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