Buenos Aires: fue a vender un terreno, mató a su hermana, a dos compradores y se suicidó. La historia detrás del horror

Buenos Aires: fue a vender un terreno, mató a su hermana, a dos compradores y se suicidó. La historia detrás del horror

Era el cierre de una larga operación. Un abogado llegó a la escribanía acompañado de sus dos hijos. Los esperaban los tres dueños del terreno. Los compradores entregaron los 22.500 dólares que restaban pagar para firmar la escritura. Todo ya había terminado cuando uno de los vendedores le dijo a su hermana: “Agarrá la plata”. Fue la última frase que se escuchó antes de una ráfaga de más de 15 tiros que terminó con cuatro muertos y un herido.

 

La masacre fue cometida ayer al mediodía en una escribanía ubicada en Marcos Grigera 135, en la localidad bonaerense de Banfield.

 

El autor de los disparos fue Ariel Santángelo (43), uno de los tres dueños del terreno.

 

Tras recibir el dinero, sacó una pistola 9 mm. y ejecutó a su hermana Mabel (57), a quien le habría dado unos siete balazos, y a Jorge (35) y Javier (40) Helzel, los compradores.

 

También hirió al padre de las víctimas, Luis (67). Luego, se suicidó. Solo hubo dos ilesos: el escribano Juan Francisco Alonso, que se escondió en una oficina, y Ana María (64), la otra hermana de Santángelo, a quien el asesino decidió no atacar y desapareció.

 

Según informaron fuentes del caso, el vínculo comercial entre las familias se inició hace unos cuatro años, cuando los Helzel le compraron a los hermanos Santángelo un terreno ubicado en Iriarte y Bombero Ariño, Temperley. Allí empezaron a levantar un chalé de dos pisos, aunque aún no tenían la escritura. Ayer iban cancelar la última parte del pago y finalizar la operación.

 

Los investigadores no tienen claro cuál fue el móvil de la masacre. Según contó la sobreviviente, y confirmaron vecinos, el asesino tenía una vieja disputa con su hermana Mabel, viuda desde hace dos años y madre de un hijo. Incluso, solía confesar que se había comprado un arma para matar a ella y su mamá, y se revindicaba como un admirador del odontólogo Ricardo Barrera, condenado por matar a toda su familia.

 

Una de las versiones que manejaban ayer fuentes del caso es que la disputa entre Ariel y su hermana estaba relacionada con la venta del terreno. “Estaba enojado porque decía que ella reclamaba plata y que no tenía derecho”, contaron ayer vecinos del múltiple homicida.

 

Otra de las hipótesis apunta a que ese enojo se extendía a la familia Helzel, por una supuesta demora en los plazos para cancelar la deuda. Según informaron fuentes del caso, el arreglo había establecido que los compradores tenían seis meses para pagar la suma que restaba. Sin embargo, en su declaración ante el fiscal del caso, Lorenzo Latorre, el escribano Alonso no confirmó la existencia de un conflicto previo.

 

La masacre conmocionó a Villa Galicia, el barrio en el que vivían tanto las víctimas como el asesino. Anoche, más de cien personas se concentraron en la puerta del hospital Gandulfo, adonde seguía internado Luis Helzel. El abogado, que tiene su estudio jurídico de Adrogué, recibió un disparo en el abdomen y otro en el hombro. Al cierre de esta edición, su pronóstico era reservado.

 

“No le podías tener bronca a estos pibes”, aseguraron ayer los vecinos de los hermanos Helzel. Tanto Jorge, un abogado que trabajaba en la municipalidad de Lomas de Zamora, como Javier se habían criado en la casa familiar de Cerrito al 1200 junto a su hermano menor y su mamá, profesora de inglés en un colegio de la zona. “Son muy queridos. El padre de los chicos se comprometió con el reclamo por obras para terminar con las inundaciones”, recordó Cristian Blassi, amigo de las víctimas.

 

El caso también sacudió a los vecinos de Santángelo, en José Mármol al 200, quienes recordaron algunos movimientos de los últimos días. “El miércoles una mujer le pidió que le pintara el buzón de su casa. Él le dijo que lo hacía esa misma noche, porque al otro día no iba a poder”, contó  una vecina. Ese no fue el único anticipo. Horas antes había pasado por la casa un vecino para despedirse. “Chau Tano. Puede ser que no nos veamos más”, fue su extraño saludo.



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