Doña Elvira, a los 90 sigue con su pasión en coleccionar perfumes y los usa a diario

Doña Elvira, a los 90 sigue con su pasión en coleccionar perfumes y los usa a diario

Conocer a Elvira Lemos de Mandagarán y hablar con ella es pensar que se está ante una abuela de unos 70 años, por la salud, lucidez y memoria que demuestra, este año cumple increíbles 91, y con entusiasmo cuenta que colecciona frascos de perfumes desde los años ‘50. Los tiene en estanterías de vidrio en el living de su casa, entremezclados con colección de labiales antiguos, jabones de tocador en formas que ya no se fabrican más y botellitas de gaseosas de vidrio que tampoco existen hoy día.

Los primeros frascos de perfume que fue guardando son de vidrio grueso oscuro, tienen forma de objetos, de pájaros y perros, se puede ver innumerables envases de distintas marcas internacionales de perfumes que recuerdan épocas, algunas marcas ya no existen, otras famosas siguen vigentes. “Tengo más perfumes en cajas, me trae mi nieto de Estados Unidos, otros me regalan o los compro”, indicó.

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Los frascos más viejos de perfume, vea las formas.

Doña Elvira cree que tiene como mil frascos de perfumes, desde que comenzó a juntarlos. “Todos los días me levanto y me perfumo, me gusta estar así, uno de mis nietos cuando viene busca algunos y se pone”, confiesa esta abuela encantadora para escucharla hablar de  épocas que ya pasaron, historias de su vida y su familia sin nostalgias, con mucha alegría de estar viviendo su vida junto a tantos recuerdos que guarda en cuadros fotográficos colgados en las paredes de la sala.

Llama la atención otra singular colección de jabones con formas que ya no se fabrican más, al igual que los labiales que ya están todos fuera de uso.

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“El año pasado cumplí 90 y me hicieron un gran festejo, hasta había gente del IPS”, cuenta muy risueña mientras ceba mate con miel y cedrón. “Un médico me dijo que hay que tomar cedrón para prevenir infartos”, dijo esta abuela devota del Sagrado Corazón de Jesús, cuya imagen exhibe en un rincón de la sala, porque “él me protege, me ayuda a encontrar cosas y me guía, cuando falleció mi abuela yo no sabía dónde quedó este cuadro, hasta que un día apareció en la pared de mi dormitorio, hace siete años, Dios mío me asusté”, no sabe a qué atribuirle esta posesión, si a un milagro o el ángel de la guarda que lo trajo hasta ella.

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“Mi abuela me decía, pedile todo lo que quieras a Jesús y vas a tenerlo, y tuvo razón”.

En qué momento se la puede conocer a Elvira? En los consultorios médicos o en los sanatorios no podrá ser, porque “soy muy sana, gracias a Dios nunca fui al médico, sólo una vez cuando tenía unos 40 años tuve inflamación de vesícula, me iban a operar pero me escapé cuando ya estaba internada esperando ser intervenida, en esos momentos me acordé de un hombre, que no sé quién era pero en la calle un día antes me vio y me dijo que tome colagogo Pachamama, yo salí de la clínica y fui derecho a la farmacia a comprar y me curé con eso”.

Doña Elvira asegura que toda su vida tomó té de yuyos, “venga a ver la cantidad de yuyos que tengo almacenados”, dijo invitándome a pasar a ver la alacena de su gran cocina donde en forma ordenada y en frascos identificados guarda distintas hojas medicinales.

Ella no es de salir mucho, pero el año pasado, en noviembre acompañó a su único hijo, Víctor Mandagarán (76) a la muestra de afiches de ediciones de festivales del Litoral, que realizó en el museo regional “Aníbal Cambas”.

Allí contó de su colección de perfumes que viene realizando desde los años 50 hasta la fecha. En qué momento de su vida comenzó con el afán de “salpicarse” de aromas el cuerpo?, “yo tenía 12 años y ya me perfumaba, quería ser coqueta, mi mamá no quería, me decía para qué te ponés eso, sos mocosa todavía? Y mi papá me defendía, decía dejale si a ella le gusta, ya es una señorita”.

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Perfumes con formas de botín de fútbol, de autos, de motos….

Claro, era una niña en aquella época que sólo debía dedicarse a estudiar y aprender cosas de la casa para cuando el día de mañana tenga marido e hijos.

Oriunda de San Pedro eran siete hermanas que vivían en la chacra donde tenían yerbales y secaderos, pero por circunstancias de la vida perdieron todo, se fueron a Alem y luego a Corrientes, donde Elvira se casó con un estanciero pudiente, pero también debieron vender todo y se vinieron a Posadas.

Llevaban 48 años de matrimonio hasta que el esposo falleció luego de tres infartos, y desde ese momento quedó sola, su único hijo “Cacho” le dio tres nietos que la cuidan con mucho amor.

Qué hace mientras espera que la visiten?, forra cajas, hace silloncitos con latitas de sardina y picadillo, sombreros, cocina, mantiene limpio y ordenado su mundo lleno de objetos que le recuerdan momentos más felices de su vida.

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Uno de los nietos es Oscar, “baila tangos y es de Estados Unidos, lo estoy esperando porque tiene que firmar mi cuadro de los 90 años”, dijo.

Otro de los nietos es Raúl Mandagarán, trabaja en el programa “Gurises Felices” del Iplyc y la tercera nieta es profesora de folclore.

Elvira Lemos, almacena frascos de perfumes desde los años ’50. (Audio Misiones on Line)

Elvira, las marcas de perfume que atesora en su casa.

MAB

(ep)



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