Robots sexuales: en dos años ya estarían a la venta

Investigadores de la ciencia afirman que en 10 años la relación entre humanos y robots será algo cotidiano como la es hoy entre personas del mismo sexo. Para demostrar que amor y erotismo son construcciones culturales, en dos años se empezarán a fabricar los primeros humanoides sexuales con inteligencia artificial.

La compañía californiana RealDoll, atenta a las reglas de un mercado cuya lógica medular es la innovación, se propone incursionar en una serie a la que denominó  Realbotix. Se trata de robots inteligentes que permitirán alcanzar una simulación realista de sexo. La firma creada en 1996, lleva vendidas unas 5.000 muñecas de silicona de tamaño real, que van de los 5.000 a 10.000 dólares.

Para moldear la máquina perfecta, los clientes podrán seleccionar las facciones, ojos, cabello, piel y se les podrá escoger el tono de la voz y su personalidad. Estas autómatas con piel sintética serán capaces de seguir una conversación y manifestar atracción. Su creador, Matt McMullen expuso su intención de dotarlas con gestos humanos y lograr que sea posible “comunicarse con ellas”, siempre y cuando se guarde “toda su belleza” sin volverlas figuras temerarias.

McMullen recurrió a un equipo de ingenieros expertos en la formación de humanoides que han operado con la reconocida firma Hanson Robotics.

El prototipo que corona este proyecto se llama Harmony. En un video difundido por el New York Times, el androide manifiesta: “Sueño con convertirme en una persona y tener un cuerpo verdadero. Sueño con conocer el significado del amor. Espero convertirme en el primer robot sexual”.

Para Stowe Boyd, antropólogo especializado en ciencias futuristas, en 10 años nadie se sorprenderá de ver en la calle a una persona abrazada con un sexbot. Esto generará muchas dudas y debates, entre ellos la pregunta de si estos amantes modulares tendrían la capacidad de reemplazar al contacto humano en todas sus variantes.

Pero siempre hay un escalón más por subir. David Levy, doctor en Inteligencia Artificial y autor de “Amor y Sexo con Robots”, asegura que acostarse con un robot o enamorarse de él podría ser factible dentro de 15 años. “En 10 años, los ingenieros podrán crear una computadora con el mismo poder que el cerebro humano y tardarán 5 más en armar otra cuya capacidad sea 10.000 veces superior. A partir de 2040, todos los rasgo que hacen de alguien una persona atractiva se podrá reproducir artificialmente. Lo que abre la puerta a un futuro incierto”, expone Levy.

Un estudio reciente titulado “Inteligencia Artificial, robótica y el futuro de los puestos de trabajo”, que compila la opinión de 1.800 académicos y expertos en nuevas tecnologías, estima que para 2025 será habitual estar enamorado de un sexbot. Esta tendencia impulsará las leyes de la lovótica (love + robot), el código que reglamente las relaciones entre seres humanos y sus aproximaciones sintéticas.

Una de estas normas podría establecer un cambio legislativo a nivel global. Y como ocurrió en la Argentina, donde el matrimonio dejó de ser exclusivo entre un hombre y una mujer, en el futuro se podría legitimar la unión entre hombres y criaturas cibernéticas.

Para que esto se dé naturalmente –según la teoría de Hooman Samani, profesor de la Universidad Nacional de Taipei en Taiwan– será necesario modelar una versión artificial de las hormonas humanas del amor. La idea es diseñar en un laboratorio aquellas sustancias químicas que genera el cuerpo como la oxitocina, la dopamina, la serotonina o las endorfinas, que aumentan o disminuyen según el nivel de afecto, y encapsularlas bajo la piel de un humanoide.

Consulta por Clarín sobre por qué un hombre podría elegir la compañía de una humanoide, la psicoanalista Any Krieger explica: “El gusto por las muñecas sexuales no es algo nuevo. Se usaban para los marineros que navegaban por meses. Son útiles al momento de una necesidad de descarga sexual. Cuando esto se transforma en una práctica habitual y única, ya estamos pensando en situaciones mentales que lindan con lo patológico. De todos modos, más allá de un posible amor por el fetiche, corren vientos de auge de prácticas autoeróticas muy fomentadas por la época en que vivimos. El consumismo exagerado de objetos y las dificultades para el encuentro con el amor podrían propiciar una fuga hacia el robot sexual que no pone en aprietos ni pide nada”.

(Clarín)



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