Guerras frías

La reapertura del diálogo diplomático entre Cuba y Estados Unidos cambia el mapa geopolítico del mundo y especialmente de Latinoamérica. Fue un triunfo simbólico para la Cuba revolucionaria, que no se rindió durante más de 50 años. Pero fue también una victoria pírrica, por los enormes daños padecidos en todas estas décadas de bloqueo.
Se derrumbó el último bastión de la guerra fría entre el mundo capitalista y el ogro comunista que asoló al mundo durante más de 70 años. Pero el gesto de Obama no es generoso, o no lo es en la medida de una magnanimidad para con el pueblo cubano. Se terminó una última y larga batalla, pero se iniciaron otras que no son menos frías ni feroces.
El premio Nobel de la Paz, en su último año de mandato, prepara el terreno para la continuidad de los demócratas en el Gobierno. En Estados Unidos ser demócrata o ser republicano es apenas una sutileza y el sucesor de Obama podría enfrentar a los apellidos Bush y Clinton, las dos familias que han dominado la política norteamericana desde 1989.
Hillary Clinton, la candidata cantada del partido que encumbró a su infiel esposo, es casi tan de derecha como el aspirante Jeb Bush, el “moderado” del clan, que tuvo a George padre, como iniciador de la escalada de violencia en Medio Oriente para saciar la sed de un petróleo barato y a George hijo como quien dejó el legado de crisis económica y financiera y guerras sin victoria en Irak y Afganistán, también con el petróleo como telón de fondo de la lucha contra el “terrorismo”.
El petróleo es, justamente, la clave para entender un poco del nuevo momento geopolítico. El precio del barril cae estrepitosamente para sosiego de la economía norteamericana y la desesperación de sus principales rivales en el mundo.
Hay una nueva guerra fría que no tiene como protagonistas a los espías, sino a especialistas financieros que tejen redes globales. La nueva crisis de Rusia es oportuna para los planes de revitalizar el poderío de Estados Unidos y obedece especialmente a la caída del precio del crudo, de la que su economía depende esencialmente.
Lo mismo sucede en Venezuela, otro enemigo retórico del tío Sam: es uno de los principales productores del mundo, pero su economía depende de las exportaciones petroleras, por lo que en el mediano plazo las consecuencias pueden ser nefastas para la revolución bolivariana, con efectos que se sintieron ya en Cuba y se sentirán después al sur del continente.
Hay pocos ganadores en la guerra del oro negro. Apenas Estados Unidos y Arabia Saudita, el principal aliado en el lejano oriente. Entre los perdedores se ubican Rusia, Venezuela, México, Brasil, Colombia, Argentina y Ecuador. Los expertos destacan la caída del precio del dólar puede ser el resultado de un complot entre Estados Unidos y varios países de Oriente Medio, en particular, Arabia Saudita, que parece que no vaya a reducir significativamente la producción para mantener el precio del crudo. La disminución de los precios del petróleo coincidió con un fuerte aumento del dólar, que se produjo en paralelo a la decisión de dejar de emitir.
Los grandes medios celebraron ambas noticia por el impacto positivo sobre la economía norteamericana que a duras penas puede mostrar signos de crecimiento. Pero en el resto del mundo, hay poco para festejar.
Venezuela, que era el principal sostén económico de Cuba, recibe un impacto directo, ya tiene las mayores reservas probadas del mundo y produce unos 2,4 millones de barriles por día. Pero el petróleo constituye más de un 90 por ciento de sus exportaciones y cerca de un 50 por ciento de los ingresos fiscales. El impacto sobre Ecuador será también significativo, ya que el 60 por ciento de sus exportaciones provienen del petróleo.
La situación de México, el segundo productor de la región, es diferente ya que además de ser un gran productor también tiene un sector manufacturero importante que se beneficia de una baja en el costo de la energía.
Brasil, el tercer productor de la región, está en una posición similar. La mayor parte de su producción es para consumo interno, de manera que su dependencia de los ingresos petroleros es mucho menor. Pero una caída persistente en los precios pondría en riesgo sus planes para explotar su reserva petrolera en aguas profundas, bajo una gruesa capa de sal en el Atlántico.
Lo mismo puede suceder en Argentina, que tiene amplias reservas petroleras y de gas y anunció nuevos descubrimientos.
El plan de autonomía energética iniciado con la reestatización de YPF puede verse afectado, aunque no están en riesgo las inversiones previstas para Vaca Muerta, donde la petrolera Exxon informó un nuevo hallazgo de gas y crudo no convencional en un pozo del bloque La Invernada que podría albergar una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo.
También puede afectar al país la crisis que vive Rusia donde el Gobierno de Vladimir Putin admitió una caída de las expectativas económicas para el 2015 y al menos dos años para superar la crisis por los precios del petróleo, la devaluación del rublo y el impacto de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos.
Putin selló con la presidenta Cristina Fernández varios acuerdos de financiación de obras de infraestructura que ahora podrían entrar en revisión. Los bajos precios del crudo, el conflicto en la vecina Ucrania y las sanciones de Occidente a Rusia a raíz de la crisis ucraniana han hecho perder un 90 por ciento del valor de la divisa nacional rusa desde el pasado enero.
También se deja de lado otro punto que es clave para entender la caída del precio del crudo, que es el descenso de la demanda global, especialmente por la caída de la actividad económica en Europa, en la mayoría de los países emergentes y el enfriamiento de la economía china.
La crisis en Europa está lejos de retroceder. Hay distintas señales, en cambio, que indican que todo puede ser incluso peor. Esta semana el gobierno griego no pudo imponer a su candidato, Stavros Dimas, que sigue la línea del ajuste para recomponer vínculos con el sector financiero. El país helénico se vería obligado a adelantar elecciones y el partido radical de izquierda Syriza parte como favorito, con la promesa de poner fin a un duro programa de austeridad y renegociar las condiciones del rescate a la economía.
El ajuste salvaje impuesto en Grecia no hizo más que disparar la tasa de desempleo que alcanzó al 25,5 por ciento en el tercer trimestre de 2014, la tasa de desempleo más elevada de la zona euro.
El 75,4 por ciento de los desempleados son de larga duración, pues están sin empleo por un periodo superior a 12 meses.
La crisis, obviamente, afecta más a quienes están en condiciones sociales de desventaja. En Grecia, Bélgica y España presentan alto riesgo de pobreza los ciudadanos no comunitarios, donde más del 60 por ciento de los no europeos presenta un alto riesgo de caer en la pobreza o en la exclusión social.
En la Unión Europea, la cifra se situó en un 48,7 por ciento. España es el tercer país del mundo desarrollado donde más ha crecido la pobreza infantil desde que empezó la crisis en 2008, solo por detrás de Estados Unidos y México. La Unicef acusa a la “recesión” por la caída de 800.000 niños españoles en la pobreza.
Las políticas de ajuste, lejos de resolver la crisis, están despertando innumerables reclamos dormidos. Esta semana Bélgica estuvo paralizada por la huelga general en contra del anunciado recorte de 11.000 millones de euros en cinco años que afectaría al gasto sanitario, educativo, cultural, de transportes y de políticas sociales.
También se propone que solo uno de cada cinco empleados públicos que se jubilen sea sustituido y aumentar la edad de jubilación dos años hasta los 67, con la eliminación de la “indexación”, el sistema que hace que salarios, rentas, alquileres, suban al menos al ritmo de la inflación.
En Portugal los sindicatos también están en pie de guerra por las privatizaciones que anunció el gobierno luso que incluye a trenes y aviones. En Italia también están en alerta por una reforma laboral muy similar a la impulsada en Argentina durante los 90.
En Reino Unido el drama es, sobre todo, el paro juvenil. En Alemania, son los minijobs y el empleo de mala calidad. Lo llamativo es que para enfrentar estos problemas, son asesorados por instituciones como la JP Morgan, responsable, entre otros, de los descalabros financieros globales. En su programa, el banco sostiene que las empresas no contratan porque no encuentran a trabajadores con la formación adecuada.
Mientras tanto, en la Argentina de la crisis generalizada, según como la pintan los aspirantes a gobernarla el año que viene, el principal problema sindical es el bono de fin de año o la exención del impuesto a las Ganancias.
Sin dudas, algo ha cambiado desde aquel aciago 20 de diciembre de 2001, que marcó la huida en helicóptero del radical Fernando De la Rúa, dejando un país devastado, muertes, desocupación y pobreza. Cinco presidentes pasaron en una semana con promesas grandilocuentes y la declaración de un default histórico del que todavía se sienten las consecuencias por el millonario conflicto con los fondos Buitre, que mantiene en vilo a la economía.
Es paradójico que la oposición plantee un escenario apocalíptico agarrada de un discurso a prueba de refutaciones. Mientras el mundo se hunde en el desempleo, Argentina exhibe –con indicadores oficiales o paraoficiales- una situación sólida, con la pobreza en su mínima expresión.
El mismo escenario se puede apreciar en los países vecinos, que más o menos en la misma línea temporal, recrearon modelos distintos a los que son aplicados en el mundo en crisis. Los problemas, en el peor de los casos, no son terminales.
Sin embargo, el debate político plantea dilemas como si Argentina estuviera al borde de un abismo.
El discurso político vira incluso más a la derecha que de costumbre, con competencias por quien desprecia más a los derechos humanos, que son confundidos con oportunismo con los de los delincuentes o asesinos.
Mauricio Macri y Sergio Massa no se sacan ventajas en el discurso duro, pero los demás partidos también viraron a la derecha, incluso entre aquellos definidos como progresistas. El discurso irascible crece en la misma medida en que la imagen de la Presidenta se mantiene en alto, lo que le permitirá manejar la transición con relativa comodidad.
El resto de la oposición de diluye en consignas. Massa picó en punta durante varios meses, pero el final del año lo encuentra en una meseta en la que se destacan el crecimiento de Daniel Scioli y de Mauricio Macri, su principal rival en la oposición.
Ambos tienen dos problemas serios en el armado de su proyección nacional: no tienen el despliegue territorial necesario para sumar votos en todo el país.
Por eso, son tan necesarias las alianzas con partidos como el radicalismo, que se ofrece abiertamente a cualquiera de los dos, según el dirigente que sea seducido en el momento.
Pero esa opción lastima internamente al radicalismo, que se debate, en el ámbito nacional y provincial, por mantener una identidad cada vez más en retirada.
El escenario se replica en Misiones, que cierra el año como una de las pocas provincias con indicadores positivos para mostrar, fundamentalmente por la acción del Estado, alimentando constantemente a la economía con recursos para provocar un efecto dominó que de otra manera no se produciría.
Pero además del Estado, la actividad privada tampoco se detiene, con numerosas inversiones en marcha, especialmente en el rubro de la construcción, que exhibe numerosos proyectos en marcha. Sin embargo, sorprendió una propuesta del Instituto Provicincial de Lotería y Casinos en el rubro inmobiliario.
Hará, a través de un fideicomiso, una segunda torre, esta vez en la costa del río Paraná, con una inversión superior a los 500 millones de pesos. Será dos veces y medio más grande que la torre céntrica que está en plena construcción y se convertirá en el segundo edificio más grande del país en construcción, detrás de uno que está haciendo el Banco Francés en Buenos Aires.
La torre Costa Paraná, ubicada a poca distancia del futuro acceso al puente Posadas-Encarnación, contará con más de 150 departamentos, un shopping propio y los servicios apropiados para el más exigentes.
El organismo rector de los juegos de azar invertirá cien millones de pesos y espera una ganancia por el mismo monto, una vez que se vendan todos los departamentos. Es una inversión a largo plazo que capitaliza al IPLyC y que permite hacer girar dinero que de otro modo, estaría inmovilizado.
El empresariado misionero, pese a los nubarrones económicos y financieros, no deja de invertir. Puede demorar o analizar más tiempo cómo hacer rendir su dinero, pero mantiene un optimismo que contrasta con la idea de una economía en declive.
California Supermercados confirmó que tiene en carpeta la apertura de su séptimo local en Posadas, para abastecer una inmensa demanda del barrio Itaembé Miní, a la que se agregará en breve, el Itaembé Guazú.
Sin embargo, sus directivos no le ponen fecha a la apertura a la espera de la evolución de la inflación. Y deslizan una queja que no es lamento, sino realidad: no hay un incentivo suficiente para las grandes empresas. California tiene a casi mil empleados en blanco y las cargas sociales duplican los montos que debe pagar en salarios. La competencia es también desigual con supermercados más cercanos al centro del país, que deben pagar menos por fletes y es desleal en el caso de comerciantes y productores que operan en mercados informales.
“Hay aliento para las pequeñas y medianas empresas, pero para las firmas como California, que tienen muchos empleados y operan totalmente en blanco, son más las trabas que los respaldos”, señaló uno de los ejecutivos de la firma en relación a las dudas sobre la apertura del séptimo local.
Las asimetrías internas son algo que el Estado debe resolver en algún momento. No las padece únicamente Misiones, sino que todo el norte del país, alejado del centro porteño, tiene la energía cara, espera eternamente por el gas natural y debe pagar entre tres y cuatro pesos más por el litro de nafta.
Para colmo, las estaciones de servicio de la petrolera estatal, llamativamente ahora solo cuentan con Infinia, una nafta “superior” que cuesta un peso más que la tradicional nafta súper.
En lo político el Frente Renovador enfrenta el último año de gestión del gobernador Maurice Closs con la certeza de que la unidad es el mejor camino para la continuidad de un modelo político que se gestó en base al consenso.
En cambio, la oposición se muestra hoy más dispersa que nunca y permite identificar, a casi un año de las elecciones, un puñado de candidatos que aspiran a ser elegidos para ocupar el sillón principal de la Rosadita.
A priori, la idea de una gran alianza, pergeñada por los popes del radicalismo, cae en saco roto.
La lucha de egos y ambiciones es superior a la idea del conjunto.
El propio Gustavo González, joven candidato de la UCR, se despegó de las negociaciones con el PRO, encabezadas por Ricardo Barrios Arrechea y desplegó la artillería de afiches por toda la provincia. Pero es el PRO el que decidió cortar las conversaciones y también lanzó a Alfredo Schiavonni a probar sus propias posibilidades.
El partido de Macri en Misiones no cree que el radicalismo sea un socio con el que tenga que negociar en desventaja, porque la territorialidad que ofrece no se corresponde con una garantía de votos.
En paralelo, si se reactivan esas negociaciones, el Socialismo ya anunció que dejará de ser aliado de la UCR. Lo mismo sucederá si hay algún tipo de acuerdo con el massismo.
Justamente, el candidato de Tigre ya tiene a su referente en la provincia. Se trata del ex gobernador Ramón Puerta, que confirmó sus aspiraciones de volver a pelear la gobernación como candidato del “Peronismo Federal”, plataforma que será una de las patas de Massa.
“Gané dos y perdí dos. Con esta voy a desempatar”, se entusiasma. El viernes por la noche, en su estancia de I Porá, Puerta juntó a un centenar de militantes que declararon su devoción electoral por la carrera presidencial de Sergio Massa y el regreso de su líder, Ramón Puerta, a pelear por la gobernación misionera en 2015.
A Puerta se le suman Héctor Bárbaro, por el partido Agrario, quien tampoco está dispuesto a conformar alianzas en las que corra con desventaja y Claudio Wipplinger, con su partido Trabajo y Progreso. Julia Perié, por el Frente para la Victoria, ya lanzó su postulación, aunque no se descarta una confluencia con la Renovación para no dispersar votos nacionales.



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